Próximamente: Trÿa, la leyenda del dios Zanaán

Como ya sabéis, la autopublicación nunca es sencilla y requiere de mucho tiempo, dinero y trabajo. Pese a los imprevistos y la espera, todo está saliendo bien. Ya hay registros, ya tenemos portada y el proyecto es imparable. ¡Qué emoción!
El primer libro de la serie será publicado bajo el título "Trÿa, la leyenda de dios Zanaán", y estoy ansioso por poder compartir la sinopsis de esta historia. Os prometo magia, mundos nuevos y muchas, muchas aventuras pero, sobre todo, os prometo que entre mis páginas habrá valor.

Gracias a todas las personas que estáis aquí, apoyándonos y creyendo en este sueño. Sin vosotras, nada sería lo mismo. Gracias por colaborar compartiendo, comentando y siendo partícipes de todas las formas posibles, ¡sois grandes!

Aquí os dejo una de las primeras imágenes de mi libro. Espero que os guste.



Echa un vistazo a mi página web pinchando aquí.

Mis tres grandes errores al escribir

Hoy os traigo un tema sobre el que llevo semanas pensando y me parecía interesante compartir. He leído muchos blogs de escritoras y escritores que hablan de los errores que han cometido al escribir sus novelas. Aprendí mucho de ellos y decidí comentar también los míos. Como se suele decir, nadie nace aprendido y es estupendo poder aprender de amistades o personas que comparten tus mismos intereses.



No me enrollo más. Mis errores más garrafales fueron los siguientes:


 Mi primer GRAN error:

EL GÉNERO DE LOS PERSONAJES
Cuando acabé el primer borrador de «Trÿa, la leyenda del dios Zanaán», supe que era el momento de conocer la opinión de terceras personas, así que se lo di a mi mejor amiga para que lo criticase. Tras leerlo, me dijo que la idea le había gustado, pero que había cometido un error muy común. Le había dado protagonismo absoluto al sexo masculino y faltaba mucha más presencia de mujers en mi historia.
Me di cuenta de que ella tenía razón. Había chicas, sí, pero no eran muy importantes en la trama. Eso me asustó, porque no era algo que yo hubiera buscado de forma consciente. No tenía ni idea de hasta dónde llegan los mensajes que recibimos todo el tiempo por las redes, libros, series, películas o propagandas donde la mujer tiene escasa presencia y, de tenerla, es porque ese producto está dirigido exclusivamente a mujeres. Los hombres, por lo general, evitan ciertos temas como, por ejemplo, la novela romántica o las películas “para chicas”, que nos venden en packs en los centros comerciales.

Solución:
Me documenté sobre el impacto social que tiene el machismo y los micromachismos que nos rodean. Decidí no ser partícipe de ello, al menos, no mientras fuera consciente. Cogí a todos mis personajes y los sometí a examen. Elegí algunos de los perfiles principales de la historia y les cambié de género. Tenía claro lo que no quería, no deseaba que esas variaciones distorsionaran los caracteres de los personajes. Si ellos habían sido fuertes, valientes y osados, ellas también lo serían. Nada de damiselas en apuros ni debilidades, ni tonterías de esas que nos inculcan como si fuese la realidad. ¿El resultado? Lo veréis pronto.

 Mi segundo error:

SER ESCRITOR DE BRÚJULA
Sí, cometí el error de dejarme llevar por la imaginación sin poner en orden las ideas. Cada cosa que se me ocurría, para allá que iba. Dejé que la emoción dominara la escritura y no tuve en cuenta que aquello podía acabar fatal. Cuando releí Trÿa, me di cuenta de la cantidad de hilos argumentales que quedaban colgados, inconexos o desfasados. Había cambios sobre cambios y tampoco los tuve en cuenta. Iba hacia atrás y hacia adelante según me apetecía. Resultado: caos, caos nivel no sé por dónde cogerlo.

Solución:
Ser escritor de mapa. Me reuní con mi editora y comenzamos una exhaustiva recopilación de datos en post-it que repartimos por toda la pared para hacer el cronograma. Reordenamos la historia para que enlazara, eliminamos, solucionamos y mejoramos las tramas. Un largo trabajo de varios meses que dio como resultado una novela sin hilos sueltos, estructurada y mejorada.

 Mi tercer error:

CREER QUE YA HABÍA TERMINADO
Iluso de mí. Cuando habíamos hecho todo eso, comencé a celebrarlo pensando... ¡ya está! Pero aún quedaba leer el libro entero para saber cómo había quedado. A hacerlo, obviamente, faltaban pequeñas cosas por mejorar. Ya sabéis, hay que ser un crack para saltarse este paso y ni aún así es recomendable hacerlo. No es que vuestra novela no esté bien como la habéis escrito, pero es mejor asegurarse.

Solución:
Leer. Leer y leer. Siempre desde un punto crítico, pero sin volverse un demonio corrector, o nos pasaremos la vida releyendo, quedándonos estancados/as y sin llegar a publicar jamás. Hay que tener ojo crítico, pero no dejarse llevar por la indecisión. ¡Podéis hacerlo!


Mi curiosidad, ¿qué errores habéis cometido? Aprendamos un@s de otr@s.



La autopublicación debe ser nombrada

He leído la respuesta a una encuesta que preguntaba "por qué no escogerías un libro autopublicado" y la más votada había sido:

"No me fío"

Seguida de
"Ni me molesto"

Y finalizada por
"Miedo a perder mi dinero"

Y me he sentido muy triste. No por las respuestas en sí, sino porque no hubo comentarios contradiciendo esas únicas tres opciones.
No sé qué opinarán otros autores, pero yo creo necesaria la autopublicación. He leído libros autopublicados que son incluso mejores que algunos best sellers.
A día de hoy, un buen trabajo no sólo se encuentra contratado por una editorial. Muchos/as creadores/as estamos apostando por decidir nosotros/as mismos/as lo que queremos, cómo lo queremos y bajo qué condiciones. Eso no genera algo de mala calidad, tan sólo demuestra el compromiso, el trabajo y dedicación que estamos dispuestos/as a poner en aquello en lo que creemos.

La lucha por romper prejuicios continúa.

Gabriel A. Rancel


¿Qué opinas tú?