.

.

La Muerte - un paso natural más.

La Vida es sólo una transación hacia la Muerte. Una línea muy fina e invisible divide ambos conceptos. Si eso es cierto, ¿por qué la gente tiene tanto miedo a la Muerte? He preguntado, a varias personas, de diferentes edades, de diferentes costumbres y religiones. Todos coinciden en que la realidad es que TODOS vamos a morir. Muchos, no temen la Muerte en sí, sino que les aterra la forma de morir. Muchos temen sufrir, pero hoy en día eso ya es casi imposible. Otros temen el no dejar zanjadas muchas cosas para marcharse tranquilos, entre ellas, qué pasará con sus hijos. Y otros, simplemente decían que cuando llega, llegó y se acabó no hay vuelta atrás.
Cada uno, me dio sus razones, sus creencias, sus miedos y sus disconformidades en algunos casos. Pero el hecho en sí es imposible de evitar, entra dentro de la naturaleza. Nacemos y morimos. Eso sí, cuando nacemos no somos conscientes porque la alegría nos ciega, pero al morir es distinto. La perdida, la falta de tiempo y quizás en muchos casos, el terror al no finalizar y dejar listos todos los asuntos... acarrea ciertos miedos no hacia la Muerte, pero sí a morir y dejar "abandonados" ciertos aspectos.
¿Por qué hablo hoy de esto? Acabo de salir de clase de ver una película que me ha impactado muchísimo. Bueno, más que película... es un documental real, de la vida de un hombre con una enfermedad mortal para la que no existe cura, ni tratamientos de ningún tipo. Porque es una enfermedad muy rara que se da en pocos casos. El título es "Las Alas de la Vida" y la recomiendo a todo el que desee aprender algo más sobre estos hechos tan naturales que a todo el mundo asusta. Una película que se dice, que cambia la vida, al menos en parte y la perspectiva de esta. Yo personalmente, la aconsejo para aquellos que teman la Muerte.
Hay una página, en la que habla de todo lo que este señor, para más señas, Carlos Cristos vivió y trabajó. http://www.lasalasdelavida.com/ si pueden y lo desean, visitenla. Él lo explica mil veces mejor de lo que yo podría. Un saludo a todos amigos.

Gabriel

Llueve...

Está lloviendo y el día está triste. Me mantengo ausente apoyado contra el cristal contando las gotas que caen sobre el alfeizar. Pienso en ti y en todo lo que me has ofrecido desde el día en que te conocí. Noto tu presencia en todas partes, incluso en mis sueños. Después de todo lo malo que he pasado a lo largo de mi vida, de cada una de las derrotas no sólo en el amor sino en general, sigo creyendo en que existes de verdad. De que hemos nacido para encontrarnos en algún punto del camino y llegar a amarnos con tanta dulzura que nos envidian todos aquellos que nos miran con expectación.
La lluvia cae de forma constante como las lágrimas de nuestros antepasados al ver que aún no hemos hallado el camino que nos lleve juntos a casa. Lágrimas que con su chispeante tintineo rozan los cristales de mi ventana invitándome a relajar mis pensamientos por un instante. Gotas que en silencio recorren mi rostro hasta empapar mi camisa, me agolpa un dolor agudo en el pecho. Clara señal de que la soledad que me envolvía a dejado por un instante una rendija por la cual has entrado tú, muy lentamente... con tu alegría y tu gran esfuerzo por mostrar que aún existe un amor tan profundo como el inmenso océano.
No sé cómo lograste colarte y apoderarte tan rápidamente de mi imperio... Moldeando mis grandes muros de hielo y logrando forjar mi alma con tu anhelo de sentir mi calor oculto bajo tanto hielo... Liberando en mí un nuevo sentimiento apagado por las terribles llamas del Infierno.
¿Cómo darte las gracias ante todo tu esfuerzo? ¿Cómo poder explicarte que en ningún momento debías convencerme de que estabas ahí? ¿Cómo expresar que estoy muy agradecido de tus logros sobre mi alma? No era necesario luchar para encontrar mi amor, sólo debías aceptarme como soy. Y eso, lo habías hecho desde el mismo instante en que tus ojos se clavaron en los míos llegando a hacerme sentir como el fuego de tu hermosa personalidad llenaba cada uno de mis poros y penetraba en mí como un veneno rápido y efectivo pero sin dolor alguno, sólo emanando lo bueno de la vida, lo bueno que hay en ti.
Admito que al principio me asusté. Sí, me asusté porque hasta ahora nadie me había desnudado el alma con tanta facilidad y a la vez me había arropado para que no me sintiese desnudo. Me miraste y viste en mí lo que pocas personas se han parado a observar. Me sonreíste cuando lloré porque sabías que mi sensibilidad me haría sonreír también. Me cogiste de la mano delante de todo el mundo y me dijiste que me querías sin temer lo que pensarían de ti. Me abriste tu corazón de la forma más pura, sencilla y lo que más me sigue sorprendiendo: lentamente. De forma natural y única, como sólo una mujer sabe hacerlo.
Te doy las gracias por tu paciencia. Te doy las gracias por tu espíritu positivo. Te doy las gracias a ti, simplemente por estar ahí. Llueve con más fuerza... miro a través del cristal y dirijo mi mirada hacia el infinito océano y pienso en que tú estarás en tu ventana mirando hacia Canarias, aunque no las veas... imagino tu rostro dulce y tus ojos enamorados mirando a través de tu cristal, que muestra un día soleado y plácido. Pero sin duda, tu pensamiento como el mío piensa de igual manera.
Los kilómetros los hacen las personas y no la distancia... Gracias por todo lo que me has regalado sin pedirme nada a cambio... Nunca olvidaré tu mirada llena de emoción en mis sueños. Algún día, cuando por fin pueda tocar tu rostro y abrazarte, no pienso volver a soltarte, por mucho que pase el tiempo, por mucho que el tiempo nos desgaste.

Gabriel A. Rancel