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Saber escuchar

Bueno, parece que últimamente tardo una eternidad entre blog y blog. Pero ya la espera se ha acabado. ¡Tengo una noticia fresca! Tanto que esta mañana estaba viva. ¡Ah no, espera! Eso es el pescado...
¿Qué tal te va todo? Normalmente la gente suele decir: muy bien. Por educación más que nada, a pesar de estar terriblemente mal. No soy de esos, pero como a todos nos han enseñado a no comerle el tarro a otros con nuestros problemas, pues... (Sí, ya... como si eso se respetara alguna vez) A veces, nos sentimos muy mal y lo único que buscamos es el apoyo de nuestra pareja, nuestros amigos, de esa mejor amiga, de nuestra madre o familiar, etc. Pero muy pocos de ellos saben escuchar...
Interrumpen contínuamente, te dan consejo sin pedirlo, te comentan algo que creen que es peor de lo que te ha pasado a ti, te dicen refranes o frases famosas, se ponen místicos y te dicen que no te queda nada, que habrán cosas peores, te dan una palmadita en la espalda y te dicen que ya pasará... Dime una cosa, y con sinceridad: ¿Acaso eso te ayuda en algo?
Personalmente, cuando cuento algo no busco consejo, no busco que me consuelen, no busco que me anulen e intenten hacer inferior mi problema porque eso no hace NADA. Quizás crear más angustia, más dolor y si por ahora te sientes algo inferior lo consiguen ellos mismos quitándole hierro a tus pensamientos.
Lo lógico, lo que deberíamos recibir de los buenos confidentes es el silencio. Sentir cómo sus ojos y su mente se involucran en el problema y te ESCUCHAN que tú no andas pidiendo más que eso.
Saber escuchar a la persona es el Don más valioso que se pueda poseer. Yo lo lamento por aquellos que no pueden permanecer con la boca cerrada mientras reciben una información confidencial, al igual que también lamento haberme topado con personas que sufren de verborrea, pero sobretodo de aquellos que creen ser los sabios todo-lo-sé, que hay distribuídos por el mundo como si fueran profetas de nuestro tiempo.
No sé cómo decirte esto pero... Comprendo que no siempre nuestro cuerpo está preparado para soportar más información y/o problemas de los que ya tenemos. Tienes derecho a negarte a escuchar a alguien tan sólo porque no es el momento. Pero hay que dividir, cuándo no es el momento y cuando no queremos que sea el momento.
Un ejemplo, tienes un amigo/a que lleva eschuchándote abiertamente durante meses con tus problemas en el amor, en el trabajo, en clase, etc. Un día, tú estás genial y vas a contarle lo bien que estás y ves que esa persona está fatal, distinta, vulnerable, etc. Y tú decides ver qué pasa, sin embargo, mientras él/ella comienza a hablar tu dices para ti: -¡Uy! Con lo bien que yo ando hoy no me voy a comer la cabeza con sus problemas, llevo demasiado tiempo mal como para perder este momento-.
Le das de lado a la persona que lleva meses soportándote sin descanso. Tus problemas, más los suyos y quizás los de otras personas. ¿Acaso tú tienes más derecho que él/ella a ser feliz? ¿Por qué? ¿Porque se trata de ti... de tu felicidad o porque es más fácil ser egoista?
Si respondes lo primero, sólo estás ocultando la segunda verdad... Suerte si la has escogido primero. Espero que no te veas en una situación similar jamás. Espero que seas la primera persona y no la segunda... porque esa segunda ha estado soportando cargas cien veces superiores a las que tú podrías aguantar. Felicidades por ser feliz... hoy.
Gabriel A. Rancel