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¿Cómo puede pasar?

La Vida siempre nos guarda grandes momentos, ya sean buenos o malos. Llenos de esperanza o desolación pero al fin de al cabo, grandes. Hay días en los que pensar el por qué de las cosas se hace realmente agotador y en otras ni nos percatamos de los pequeños cambios. Hoy te invito a pasar un momento en la soledad de tu pensamiendo donde todo se guarda, donde puedes ordenar y reubicar pensamientos e intentes plantearte la pregunta de: por qué cuando nos ocurre algo malo, sentimos que no debería pasarnos eso y cuando es algo bueno ni nos planteamos que nos ha tocado. ¿La vanidad es algo que nos viene de nacimiento o creernos ser tan perfectos y buenas personas que no merecemos nada malo? No creo en realidad, que tenga que ver con eso y sin embargo ahí queda...
También es posible que creamos que no hay por qué lamentar lo bueno que nos llega, pero y esas personas que son maravillosas a lo largo de su vida, que son desinteresadas de forma natural y que sólo buscan el bienestar de los demás, ¿qué pasa con ellas cuando la desgracia llama a su puerta? Innumerables personas se quedan terriblemente solas después de una vida de servicios sin especial intención salvo sentirse bien. En contra de lo que nos hayan enseñado, existen personas que por la simple razón de sentir la compañía de otro ser humano han hecho grandes sacrificios y su única recompensa recibida a parte de la buscada, que en este caso es evadir la soledad. Ha sido el desprecio de aquellos a los que han ayudado. Eso me lo encuentro cada día al salir de casa y cada día me hace pensar en lo desastrosos que podemos ser los seres humanos cuando todo nos da igual, incluídos aquellos que nos han dado su mano, de la que hemos tomado el brazo y lo hemos dejado desnudos. Lamentablemente es así, y nadie parece darse cuenta, salvo aquellos terceros que nos paramos a observar más allá de las palabras, que nos inundamos de los signos, gestos y sentimientos visibles que trasmiten aquellas personas que se han decepcionado ante una acción fría y brutal de aquellos a los que han salvado...
¿Qué hacer? No lo sé. Lo único que se me ocurre es que debo intentar de forma individual no ser como esas personas que permiten que su propio egoismo anule la buena voluntad de los que ayudan sin pedir nada a cambio. Sólo se me ocurre que todos, podemos solucionarlo de forma individual, que no podemos forzas a otros a hacer lo mismo que nosotros, pero sí podemos aportar un grano de arena a la balanza para que se incline a favor de aquello en lo que creemos, lo mejor.
Piénsalo.

Gabriel Rancel