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Carta al Silencio

Se ha ido la luz y estoy solo. Llevo desde hace tres días sin saber nada del exterior. En mi castillo, donde prácticamente todo funciona con luz eléctrica, no hay forma de salir o entrar. Los teléfonos tampoco funcionan... Además, mi coche ha quedado atrapado en el garaje, así que poco puedo hacer.
Hasta por la tarde se está bien, hay luz solar y puedo leer y andar por casa, pero al ocaso todo eso debo dejarlo de lado. Son cerca de las ocho ya, y oigo hablar a los vecinos en la calle. Pero no puedo hacer nada para comunicarme. Algunos llevan todo el día con el motor de gasolina encendido, para mantener luz artificial en sus hogares. Magnífica idea, pero mis motores están en el solar de enfrente, una gran alternativa sino fuera porque para ir... debería poder salir. ¡Mal asunto!
Estoy escribiendo a la luz de las velas y no es broma. Mi ordenador estaba a punto de quedarse sin batería y decidí apagarlo hace ya dos días. Mi móvil tampoco tiene ya carga alguna, sólo una raya, una llamada y se apagará. Llueve mucho, oigo caer el agua sobre los tejados. No entran más que mensajes de llamadas perdidas en mi móvil, por lo visto... alguien intenta contactarme pero es imposible, las torres de repetición han caído con el temporal.
Estoy desconcertado, alguna vez soñé que pasaba algo similar pero jamás imaginé el aburrimiento que ocasionaría. Ni siquiera sé qué haré cuando vuelva la luz, si salir a la calle y gritar que sigo vivo o llorar por perder el juicio. Lo mejor de todo esto, es que me permite testificar que el hombre actual sí puede vivir sin todos los medios creados para el "bienestar" humano. Eso sí, cuando está habituado a ello, le cuesta mucho volver a sus orígenes y muchos desfallecen en el intento. Tengo una enseñanza, que he descubierto sólo en estos días: sólo hemos de buscar nuevas formas de desemvolvernos. Me resulta realmente triste pensar que sin energía eléctrica no somos nada.

Extraña la Fortuna, cuando menos lo esperamos nos da una descarga de sensatez y humildad. Curioso...


Gabriel A. Rancel