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Luchar por la Dignidad

Si alguna vez fui débil, fue por el simple hecho de creerme débil.
Si alguna vez fui pisoteado, fue porque permití que me pisotearan.
Quizás debí ser más fuerte, eso ya no lo sabré.

Hay momentos en la vida, en los cuales mostrarse de acuerdo con los caminos elegidos dependen de las primeras elecciones que hicimos. Una vez comenzó a torcerse el sendero, debimos rectificar y no lo hicimos. A veces es más dificil auto-valorar nuestros pasos. Sin embargo, es imprescindible para continuar la marcha.
Hasta hace poco, pensaba que todo el mundo era una conspiración contra mí. Todo me daba la espalda: personas, situaciones, momentos, objetos, ... Siempre me resultó más fácil decir: "Esta persona me ha hecho eso, ¿cómo lo ves?" Por otro lado, con los años he ido recopilando información suficiente sobre mí mismo, para darme cuenta que no eran los demás los que cometían los atentados o equivocaciones contra mí, sino que era yo mismo el que se ahogaba en sus propias lamentaciones. Hacía mucho tiempo que había dejado de existir sólo porque yo permití que eso ocurriera. No eran los demás, yo debí valorarme. Debí poner un precio a mi dignidad como persona pero no lo hice. Lo dejé en manos de los demás y ellos optaron por lo más sencillo: pasar por encima a los otros que no daban la talla. Admito que es un juicio de valor poco ortodoxo pero por desgracia así se vive. Cuando una persona es tan noble que se deja abasallar porque no tiene la fortaleza de imponer su dignidad ante la astucia de aquellos que se creen superiores.
Hay personas que me intentaron abrir los ojos de la forma más sutil posible, aunque hasta que no vi que mi vida realmente ya carecía de dignidad y valor, no fui capaz de decir: "Ahora que realmente no tengo nada, que no pierdo nada, es cuando debería sentirme un don nadie". Mi enfado conmigo mismo no ayudó en nada. Hoy lo cuento para que no cometas el mismo error que yo. Culpar, maldecir, pelear, ... contra el mundo, no es la solución. Sólo nosotros nos metemos en los problemas y sólo nosotros podemos salir de ellos.
Se trata de levantarse un día y gritar: ¡Basta! o ¡Ya no más!
Se trata de ser fuertes, de tener ganas de vivir, de LUCHAR con todas nuestras fuerzas ya que la Vida por sí misma, nos la quita el tiempo. Pero durante estos breves momentos, lo que decidamos hacer con ella, lo que logremos; las metas pensadas, empezadas, conseguidas y/o perdidas, son las que nos deben preocupar verdaderamente. No se trata de quién es mejor que quién, ni a quién se le da mejor abasallar a quién. Es un juego donde la regla básica: el respeto; se ha perdido. Y se lucha a muerte. Abrir los ojos para ver que nuestro mayor enemigo somos... nosotros mismos.
Es lo que más tememos... el efecto espejo. Vernos a nosotros mismos sin más, ver nuestra cara, nuestras heridas, nuestro físico, nuestros errores y soluciones, nuestro camino. Y sin duda, lo más importante: nuestra Alma. Allí donde reside el perdón. La alegría. La fuerza. La lucha. La guerra. La Muerte. Y la bendición de vivir como mejor creamos, sin acarrear una vida llena de dudas, odio, rencor, miedo y angustia.
¡Lucha! Lucha por ser tú mismo/a sin miedo a lo que los demás piensen que eres o que deberías hacer. Lucha por tu Libertad de expresión. Por tu dignidad. Por tus ansias de vivir y sobretodo, por no vivir arrodillado/a ante otros/as.
"La Vida es un patio inmenso donde los únicos guardianes son:el Destino y la Fe y sin embargo ellos dependen exclusivamentede nosotros para poder ayudarnos y acompañarnos".

Gabriel A. Rancel