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Un Hasta Pronto promete más que un Adiós

"Ante todo, quiero pedirles perdón por lo que van a leer a continuación. Mis ánimos no son los mejores aunque mis intenciones sí lo sean. Les pido que disculpen la negatividad y que sean indulgentes con mis desvaríos. Dicho esto, comienzo"
Gabriel A. Rancel
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La economía a cambiado, eso lo sabemos todos. Pero... ¿Hasta qué punto nos afecta hoy en día? Refiriéndome a nuestra salud sentimental, más que económica. Pongamos un ejemplo, hoy en día podemos navegar a través de la red y conocer a personas de cualquier parte del mundo sin que pensemos: qué suerte tengo de poder hacer algo así. Hoy por hoy, disfrutamos de una comunicación sin fronteras de ninguna clase y podemos hacer amistades, enamorarnos, enfadarnos o en su defecto, amistarnos de nuevo, con personas que están a miles de kilómetros de distancia. Una gran fe en la confianza ciega y en el amor real -referente a cualquier tipo de relación- sentimientos tan puros y reales como por aquellos seres cercanos a los que vemos cada día. Bueno, dicho así parece todo de lo más hermoso. Pero... ¿qué ocurre cuando de pronto esa "red" es cortada por falta de dinero? ¿Qué ocurre cuando la crisis nos obliga a olvidarnos de esas personas? ¿Qué nos queda cuando literalmente perdemos el contacto directo con esos seres queridos? Porque, en esos momentos eres consciente de que... la distancia sí importa. Cuando ya no existe la comunicación online, empezamos a pensar que las conferencias telefónicas seguirán pero no puedes permitirte tales lujos. Vas viendo como puerta a puerta y ventana a ventana, se van cerrando todas las posibilidades de comunicación con quiénes amas. ¿Y luego? ¿Qué ocurre luego? Empezamos a sentir un desasosiego con los que tenemos alrededor... no te acostumbras a sentirte pleno con lo que tienes porque sabes que al otro lado del mar existe alguien tan compatible contigo que no puedes dejar de pensar en cómo estará, en qué hará y por qué no puedes sentir su calor. La ansiedad se va apoderando de tu corazón. Sientes como va rompiéndose cada día, vas notando la tensión de la situación y cuando pasa el tiempo, llegas a un punto de resignación aunque no absoluto. Y piensas: "No era para mí" pero en tu interior sabes que sí, que se debe luchar, que debes intentarlo. Pero amigos, la crisis hace mella en todo y en todos. La pobreza es uno de los peores enemigos del hombre. Destruye corazones, sentimientos, destruye al hombre... No hay control, la pobreza no trae felicidad hasta que tocamos fondo del todo y es así como comenzamos a subir de nuevo, con una nueva mentalidad, con nuevas fuerzas y sobretodo, sin olvidar a quiénes amamos y de seguro, algún día volveremos a tener a nuestro lado.
Un abrazo a todos, y no un adiós, pues un hasta pronto es más prometedor.
Gabriel A. Rancel