.

.

Kilómetros.

Aquellos que comparten una Amistad en la distancia, están condenados a quererse para siempre independientemente de lo que ocurra a lo largo de su vida. ¿Por qué? No lo sé, pero está más que comprobado. Cuántos más kilómetros, más fuerte es el lazo.

La Amistad tiene muchas caras, las más conocidas son la de la fidelidad, la de comprensión, la de diversión, la de confidencia, etc. Y luego, están algunas que se creen poseer pero que no existen en realidad, ni por tu parte, ni por la de la otra persona. Como por ejemplo, la de la verdad. Sé que suena extraño que lo diga así, pero ahora déjame que te haga una pregunta muy sencilla:

¿Nunca le has contado una mentira a tu mejor amigo/a?
¿Jamás?

Si es que, hay verdades que nos cuestan decir, hay situaciones que requieren que no digamos toda la verdad, pero déjame que te diga, que nunca una mentira ha hecho más feliz a nadie. Al final, el sufrimiento te lleva a sentir culpabilidad y por su parte, desconfianza y rencor. Por muy buenas que hayan sido las intenciones.

Los buenos amigos, no son aquellos que sienten empatía, o que te escuchan y te dan consejos sin que los pidas, ni que opinen sobre lo bien que te queda una ropa o lo mal que le cae alguna persona. No son aquellos que te cuentan secretos ni lo son los que no te dan la espalda cuando más los necesitas.
Los verdaderos amigos te aman, con o sin defectos. Te escuchan, sin opinar al respecto. Te abrazan, porque sin un abrazo no se sienten felices. Los que te sonríen, para que sonrías. Los que no te cuentan cosas, a no ser que sean sin ninguna mala intensión. Son aquellos que día a día, te miran y te ven tal y como eres, sin mirar a los lados a ver quién le observa hablando contigo.

Olvida el estereotipo de: “si me escucha, me aconseja, me hace reír, …” por una simple persona que, también tiene problemas, que también sufre y que también has de cuidar cuando está mal. Porque aquello que siembres bajo la paz y la amistad, crecerá fuerte y firme como un roble.

Suerte.


Gabriel Rancel