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Fundamentos de Vida. -Vol. 2-.

¿Cuándo fue la última vez que hablaste con tus padres de aquello que no te atrevías a contar cuando eras más joven?
¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo porque realmente te llenaba?
¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por los demás, de forma desinteresada?
¿Quién eres? ¿Qué quieres hacer con tu vida? ¿Qué metas te has propuesto?
¿Cuáles has llegado a cumplir y cuántas se quedaron por el camino?
La frase que más escucho últimamente, es esta: "No he tenido el tiempo suficiente".
¿¿No has tenido el tiempo suficiente?? La vida son dos días, dos días para unos, un segundo para otros. ¿No has tenido tiempo para ti? ¿No te has dignado a escuchar tu interior?
¿Por qué?
¿Por qué cuando llegamos a cierta edad, nos da un miedo terrible mirar atrás? Descubrir quiénes queríamos ser, quiénes somos y qué metas logramos o quedaron atrás. Da muchísimo miedo descubrir lo que no hicimos, lo que hicimos, lo que deseamos olvidar a cualquier precio y lo que no salió jamás de nuestra imaginación.
La vida son dos días, dos días nada más. ¿Vas a seguir perdiendo el tiempo de esta manera? Conócete, encuéntrate contigo mismo/a y vence tus miedos. Porque sino lo haces, tu vida habrá sido en vano. Al otro lado de la blanca orilla no se permite la entrada a objetos personales. Sólo los recuerdos, sólo las experiencias y lo que se ha vivido en propia carne. ¿Entonces por qué tanta ceguera ante lo material? ¿Has hablado hoy con tus hijos/as? ¿Con tus hermanos/as? ¿Sabes lo que sienten? ¿Lo que sienten de verdad? Lo que quieren, lo que les puedes ofrecer más allá de los bienes materiales. Aquello que sólo tu experiencia, tu sabiduría y tus lágrimas pueden explicar. No pierdas más el tiempo, busca un hueco para ti, para poder ayudar a los demás.

La vida son dos días, dos días nada más.

Gabriel Rancel

Sueños de Justicia

Soñé que caminaba junto a una amiga, hacía años que nos conocíamos, prácticamente me había criado ella, o eso me transmitía. Llegamos a la plaza del pueblo, donde su hermanastro había congregado a todos, había más de cien personas. El pueblo era pequeño pero acogedor. Cuando conseguimos abrirnos paso entre el gentío, el abogado junto al cura, abrieron la carpeta con el testamento de la familia Bang. Y allí estaban, sus tres hermanastros vestidos como siempre de etiqueta para aparentar ser superiores al resto, creyendo así que dañarían más a mi amiga. Ella sonrió tierna mirándome, sus ojos reflejaban un “¿no te dije que sería así?” yo fruncí el ceño ante la arrogancia que desprendía su hermanastro. Era el peor de los tres. No sabíamos cómo, en vida se había apoderado de la mayor parte de las tierras y propiedades de la familia y aún quería más, estaba allí para oír lo que le había tocado. Se acercó al abogado y le susurró algo al oído, en ese momento, miraron a mi amiga con burla y asintió, leyendo la última voluntad. Los ancianos, habían sido muy generosos, todos habían recibido una parte exagerada de bienes y tierras. Todos, menos mi amiga. Nos quedamos esperando, pero el abogado no leyó su nombre, hasta el final.
-Para ti, han dejado esto-. Dijo el hombre con cierta frialdad en su mirada. Mi amiga abrió la carta que le había entregado en mano. No sé qué ponía, pero su rostro se tornó pálido y comenzó a llorar. Le quité el papel y leí. Con cada palabra mi rostro se llenaba más de ira. Levanté la mirada, su hermanastro estaba riéndose a carcajadas junto al resto. En un acto de mayor bajeza, dijo en alto.
-¡Adelante! ¡Lee la carta! ¡Deléitanos!-.
-¡Eres la peor escoria que existe!-. Grité descontrolado.
-Tú cállate que nadie te ha dado vela en este entierro-.
-Esto no se va a quedar así-.
-¡Lee la carta de una vez!-. Ordenó. Mi amiga sujetó la carta y yo se la arrebaté.
-Léela tú, ya que la letra es tuya-. Se la tiré a la cara en forma de bola de papel. Él la estiró y leyó.
-Nuestro legado para ti, es lo siguiente: un paquete de pañuelos de usar y tirar para tus lágrimas y sólo decirte que tú no perteneces a nuestra familia, tu madre ha renegado de ti, basura muerta de hambre-.
El pueblo, -que en ese momento él imaginaba que estallaría en risas- se quedó en silencio. Unos cuchicheaban por lo bajo y otros negaban por la bajeza. Mi amiga había sido muy querida por todos, conocían bien de qué caña estaba hecha ese bastardo. Entre ellos, se adelantó el policía del pueblo, que hizo la siguiente pregunta.
-¿Usted es el abogado del señor Bang aquí presente?-.
-Sí, lo soy. ¿Por?-.
-Sepa usted, que aquí no somos tan analfabetos como él nos hace. Conocemos bien las leyes y eso que habéis hecho es un delito penado por la ley-.
-¿Y qué hemos hecho, según usted?-.
-Humillación pública de una persona física, de forma deliberada. Tentando así contra su dignidad como persona. Además de falsificar un testamento, ya que por ley, ella debe recibir una parte similar o superior, por ser hija de padre y madre, no como vosotros que sólo sois de madre-.
-No puede demostrar eso-. Sonrió nervioso el abogado.
-Claro que sí, es de lo más sencillo. Además, -miró a los presentes- tengo a más de cien testigos aquí que dirán exactamente lo mismo que yo-.
Se acercó al hermanastro de mi amiga y cuchicheó nervioso con él. Yo miré al policía del pueblo con admiración y orgullo ante su fortaleza. Un momento después, el señor Bang dijo.
-¡Habéis sido testigos de una broma, claro que nuestra querida hermana tiene una parte, es pequeña pero la tiene-. Dijo intentando salir airoso del momento.
-Lo lamento, señor Bang, pero no creo que esto quede así-.
-¡Sólo es una mujer! ¡Por el amor de Dios!-.
-¡No toleraré semejante comportamiento tan negligente por su parte y mucho menos por ese merluzo que tiene por abogado!-.
-Ella no tiene medios para luchar contra mí-. Hinchó el pecho, sintiéndose poderoso.
-Puede que no-. Admitió el policía. -Pero seguro que yo sí-.
-¿Por qué iba usted a meterse en esto? ¡No es nadie! ¡No le tendrán en cuenta!-.
-Ya veremos-. Sonrió, satisfecho por haberles intranquilizado de aquella forma. Disfrutó del momento. El señor Bang y sus hermanas salieron de la plaza lo más rápido que podían. Siendo abucheados por la gente del lugar.
-Gracias por ayudarme-. Murmuró ella, agradecida. -Pero con su poder, me ganarán-.
-Señora mía, yo sé que la justicia necesita unos retoques, pero estoy seguro que con cien testigos y todo de lo que les he acusado, ganaremos sin problemas-.

El sueño transcurrió en el tiempo, llegó el día del juicio. Mi amiga se agarraba de mi mano con fuerza, nerviosa por todo lo que estaba ocurriendo. El policía se acercó, guiñándole un ojo para calmarla.
-Tranquila, mujer-. Rió. -Mi abogado jamás me ha fallado-.
Observé el juicio, muy detallado durante el sueño, que se llevaría cien páginas al menos, así que resumiendo, mi amiga ganó el juicio, fue indemnizada por la humillación que le habían hecho pasar, así como los traumas y demás, que le había ocasionado todo aquél disgusto. Recibió su parte proporcional de la herencia por parte de su madre, y luego la parte de su padre, tal y como le había dicho el policía, su herencia era mayor. Ella agradeció toda la ayuda y la comprensión del pueblo, entre llantos de alegría, se había acabado aquella pesadilla.Me desperté, con la sensación de haber sentido la justicia de nuestra parte por primera vez. Una sensación que hasta ahora, no se ha borrado. Espero que se mantenga porque es lo que nos hace sentir que hay que tener fe cuando las personas más rastreras nos hacen sentir humillaciones y que, hoy por hoy, nos ampara la ley para hacer pagar a esos, que sólo pretenden hundirnos a toda costa.