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Tengo una pregunta para ti

Tengo una pregunta para ti, ¿alguna vez le has robado el corazón a alguien? Hay quien dice que sí, muchas veces. Hay quien dice que no, nunca. Y hay personas que admiten, al menos, haberlo robado una vez en su vida.


Y es que, sea cual sea tu respuesta, sin duda dice mucho de tu personalidad. Conozco a algunas personas que se dedican exclusivamente a recolectar amores prohibidos. Aquellos que dejan huella en el alma para toda la vida. Esos amores que cuánto más pasa el tiempo, más duelen. También, conozco coleccionistas de corazones rotos o amargados, éstos son peligrosos, ya que encierran una espiral, que aspira los sentimientos hundiendo las uniones, hasta que se destrozan unos a otros. Aunque sin duda, los más suertudos, coleccionan amores correspondidos. Estos últimos, logran sacar de las personas todo lo bueno que nace en ellas, las moldea con amor y las engatuza en pasión y locura entremezclada. Desde fuera, a primera vista, da la sensación de ser lo más dulce del mundo, todo aquello que deseamos alcanzar a toda costa. Sin embargo, cuando la pasión y la luguria ciega nuestros sentidos corremos el riesgo de perdernos en una realidad nada próxima a la vida real.


¿Es entonces el Amor peligroso?


No tengo ni la menor idea de si lo es o no. Aún no he conocido a nadie que haya muerto de amor, salvo en las historias épicas, como las de Shakespeare. El amor, como cualquier otra droga natural, nubla los sentidos y nos confunde. Podemos llegar a hacer auténticas locuras. Incluso, nos fortalece y envalentona cuando debemos ser cautelosos. Restando importancia a todo ello, aunque tan sólo sea un instante, debemos admitir plúblicamente que los seres humanos, sin robar corazones o enamorarnos, no lograremos culminar nuestra vida sobre la tierra. Puesto que sin amor, sin ilusiones y sin ese sentimiento de querer vivir para otra persona, sea padre, madre, hijo, amigo, etc. nos sentimos incompletos.


Robar corazones, puede sonar muy feo. Tiene muchas virtudes el poder lograrlo, aunque también nos convierte en siervos y esclavos. ¿Tendrán razón Jorge Bucay y Silvia salinas? ¿Deberíamos aprender a amar con los ojos abiertos? Quizá sea lo más saludable después de todo, ya que los humanos tendemos a imaginarnos la perfección dónde no la hay, convirtiendo a nuestras parejas en imperfectos con el tiempo, cuando se pierde el interés y vemos mil defectos en ellos. Lo peor, es escudarse luego en frases como "él/ella no era así cuando le/la conocí"


Que error más fatídico...


Un error que al final pagamos rompiendo un nuevo corazón, a parte, del nuestro propio. La próxima vez, creo que nos dedicaremos todos a coleccionar sellos... o puede que no.

Gabriel Rancel