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Carta de Amor: el Amor es bello

Cuentan los sabios, que el Amor es efímero. Dura tan poco tiempo dentro de los jóvenes, que apenas saboreamos un ápice de su fuerza. Nos quedamos con el deseo del momento y no nos planteamos que sea un sentimiento eterno.

No obstante, cuando te miro y nuestras miradas se cruzan, afirmo muy dentro de mí, que nunca será posible que esta emoción abandone mi cuerpo. Es un sentimiento que me hace vibrar y me pide que haga locuras en su nombre. Créeme cuando te digo que te quiero, porque al hacerlo, no habla solamente mi mente o mi corazón; es más que eso. Se comunica el instinto que nace dentro de mi pecho y se nutre de la fuerza de cada sílaba y anhelo, cada instante, cada momento. Crea una armonía en mí, que vive para ser cantada, para ser narrada y para amar profundamente. Por ello, cuando dudes de mis sentimientos, te pido sólo que cierres los ojos y me des tu mano para ponerla en mi pecho. No abras los ojos, te lo pido; sólo quiero que me escuches por dentro, que oigas cómo mi corazón grita a los cuatro vientos. Primero en un susurro y más tarde en desasosiego.

No dudes de mis sentimientos, por favor; ni dudes de los actos que me han traído hasta este punto del camino, de los hechos que aún no he llevado a cabo a tu lado, y no por no quererlo, sino por falta de tiempo. Tiempo que espero vivir a tu lado, que deseo compartir contigo en lo bueno y en lo malo, cuidarte y que me cuides, hablarte y que me hables, escucharte y que me escuches, mirar más allá del hoy y del mañana, para ver que realmente somos una sola alma que no vaga solitaria por la vida. Todo lo contrario, viaja incandescente, viva y poderosa, recorre cada recoveco de nuestras almas, a cada paso con nosotros, y supera las distancias más alejadas, llevando así la contraria a los sabios, que dicen que nada será eterno. Menos mal que jamás he hecho caso al hecho, de que no puedo hacer algo que los demás dicen que es imposible de hacer…

No le pediré nada más a la vida, si me permite pasarla a tu lado amándote. Dame tu mano y te demostraré que todo lo que digo es cierto. Caminaré siempre a tu lado sin anularte. Cuando llores intentaré lograr que tus lágrimas se conviertan en sonrisas, lucharé por hacerte sentir la persona más importante del universo y viviré para verte sonreír, para observarte crecer como persona, ver cómo tomas tus propias decisiones, superarte y hacerme feliz con ello. Te daré mi mano cuando tropieces, te señalaré el obstáculo y no te vendaré los ojos para que no sufras. Si sufres, te brindaré mi apoyo y consuelo. No te negaré tus sueños y nunca te faltaré ni a mi palabra, ni a mi respeto.

Debes saber que te necesito a mi lado, no con locura o con miedos, más bien porque sé que eres la persona de mis sueños, transparente y sincera, que tanto he esperado en silencio. Sé perfectamente que es posible que tengas miedo, yo también lo tengo, pero al sujetar tu mano y acariciar tus dedos entrelazados con los míos, sé que todo irá bien, porque estamos hechos el uno para el otro.

Dicen, además, que el Amor es ciego. Yo estoy totalmente de acuerdo con eso, porque si bien el Amor lo es, los sentimientos también son invisibles, y aún así, están ahí; mueven el mundo, se sirven de jóvenes y ancianos, se abastecen de la pureza del alma y luchan por mantenerse vivos. Claro que el Amor es ciego, ¿acaso importa el físico cuando el alma es tan poderosa? No necesito ojos para verte, arráncamelos y te seguiré viendo a través del alma, porque lo que en realidad importa, es ser uno mismo y amar abiertamente a otra persona. Y, si se trata de nosotros, tú y yo juntos, la fortaleza se hace inquebrantable, más allá de los cuerpos, más allá de los muros.

Pon tu mano en mi pecho, escúchame por dentro…

Gabriel Rancel
[Carta presentada al concurso de literatura y prosa.]
I.E.S. M. P. T.