RESEÑA: "La Próxima Vez" de Marc Levy.

¡Hola de nuevo! Hace mucho que no escribo en este apartado de la web. ¡Mil perdones! He tenido unos meses bastante liados con mis novelas.

Hoy les quiero presentar una obra literaria que no tiene desperdicio alguno:

La Próxima Vez  del escritor Marc Levy


No he podido resistirme ante el siguiente párrafo que expongo. No sólo porque me parece magnífico, sino que ha sido capaz de transmitirme esa electricidad característica que busco en la literatura. Esa conexión a través del tiempo y del amor, a través de las palabras y su autor.



Resumen:
Cuando Jonathan, experto en pintura, conoce a Clara, propietaria de una galería, surge entre ellos un sentimiento vertiginoso, que parece haber franqueado las barreras del tiempo para ofrecerles la última oportunidad de ser felices.
Unidos por algo más que su desmedida pasión por el arte, espoleados por un destino cuya magnitud se les escapa, seguirán el rastro de un pintor ruso por diferentes ciudades de Europa, sin saber a ciencia cierta qué oscuras verdades pueden llegar a descubrir.

Mi valoración personal:
Creo de verdad que tanto los distintos paisajes descritos como los diálogos son realmente fantásticos. Gozan de una gran calidad y hacen sentir cercanía absoluta. Este libro no tiene desperdicio ninguno. Las tramas están muy bien distribuidas, los personajes y sus personalidades son fácilmente reconocibles, describe a la perfección las opiniones sobre diversos temas y crea un vínculo casi espiritual entre los personajes y los lectores.

Gabriel A. R.

El anciano profesor.

-Microcuentos. Gabriel A. R.-
Un anciano profesor, se sentaba agotado cada mañana en la misma piedra. Desde allí observaba el pueblo, el río a lo lejos, las verdes montañas y paisajes inigualables. Una mañana, una voz furiosa interrumpió su descanso, sobresaltándolo.

-¡Apártate que no veo, viejo! -Le gritó un joven, de muy mala manera.
-¿Qué es lo que no ves? -Preguntó extrañado y sin sentirse ofendido.
-Lo que hay detrás de ti. Los mayores siempre molestando... -Rumió muy enojado.
El anciano sonrió condescendiente y se mantuvo afable.
-Detrás de mí no hay, nada más y nada menos, que mi pasado y mi futuro, joven. No creo que sea de tu interés. Si lo que quieres es mirar hacia tu futuro, sólo has de girarte en cualquier otra dirección, cualquiera en la que mi cuerpo añejo y hastiado por el tiempo no sea una molestia para ti.
-¿Qué dice? ¿Está chiflado o qué? ¡Debería saber que no es lo mismo mirar en otra dirección! ¡Ninguna otra muestra lo mismo que deseo ver! -Dijo altanero jactándose de gran conocedor.
El anciano suspiró.
-Haremos una cosa, tú respondes un par de preguntas a este anciano impertinente, y yo me quitaré.
-Vale, vale, pregunte de una vez. -Le metió prisa el joven, airado por acabar con rapidez.
El anciano se tomó su tiempo para la primera pregunta, crispando al muchacho.
-Dime, joven, ¿acaso el futuro se presenta siempre como quieres o pretendes?
El chico se quedó pensativo un momento, con el ceño fruncido.
-No. Nunca.
-¿Alguna vez has caminado por algún sendero que te mostrara toda su belleza desde el inicio hasta el final?
-Sólo si lo ando entero puedo contemplar su belleza. -Dijo impaciente, sin saber a dónde quería ir a parar.
-Por lo tanto, si mirases en otra dirección, cualquiera (exceptuando en la que estoy), ¿podría mostrarte un futuro interesante?
-Supongo; pero, como ha dicho, no es el futuro que busco o pretendo conseguir.
-Y, aún así, te dará conocimiento y verdad, ¿cierto?
-Pero, sigue sin ser lo que yo quiero, anciano. -Bufó contrariado.
-¿Debo entender que te gustaría que todo saliera como deseas, entonces?
-Por supuesto, eso sería lo ideal. ¿Quién no quiere salirse con la suya alguna vez?
El anciano asintió dándole la razón.
-Y, una última pregunta: de todas las situaciones que has vivido, ¿alguna vez te ha llegado alguien más joven, te ha insultado diciéndote que molestas, que interrumpes su futuro, porque no le das lo que exige sin modales ni respeto de ningún tipo?
El muchacho le miró avergonzado.
-No, señor...
El anciano mostró una sonrisa amplia.
-Te diré una cosa, joven. Es posible que yo haya vivido tanto, que ya no me preocupe en qué dirección miro. Sin embargo, sólo por llamarme "señor" en vez de viejo y sólo por haber pasado de airado a calmado, me quitaré de aquí para que puedas ver tu futuro. Con esto, cumplo mi promesa inicial. Es lo justo, ¿verdad?
-Sí, supongo que lo es. -Observó que el hombre intentaba levantarse y no podía. Caminó hacia él para ayudarle.- ¿Por qué lo hace, señor? ¿Por qué cumple su promesa después de haberle tratado tan mal?
-Pues, porque sé de sobra que algún día estarás en mi pellejo, y vendrá un joven hasta ti para que le enseñes la misma lección que yo a ti hoy.
-¿Qué lección? ¿Ser educado y respetuoso con los mayores?
-No. Ser educado y respetuoso no te lo enseñaré yo, debes decidir ser así tú mismo. -Extendió el brazo en la dirección que el joven quería mirar.- ¿Qué ves?
El muchacho se dio cuenta de que, al moverse para ayudarle, podía ver perfectamente el paisaje. Se sintió más avergonzado por su comportamiento, y antes de responder le pidió disculpas.
-Lo lamento mucho, señor.
-¡No te preocupes por eso! Observa la dirección que tantas ganas tenías de tomar como futuro. -Insistió restándole importancia al resto.
El chico volvió a mirar, centrado en el punto que deseaba.
-Veo una montaña con puntos blancos, señor.
-Esa "montaña con puntos blancos", como la llamas, es el cementerio. Ése es el futuro de todos nosotros, joven. Sea pues, te aconsejo que observes en otra dirección, ya que, cualquier otra, te hará mucho bien y te sentirás pleno durante muchos años. Puede que no la eligieras, que no sea de tu total agrado, pero estoy convencido de que será mucho más interesante que la que tanto querías lograr ver. ¿Estoy en lo cierto?
El muchacho, asombrado por la maestría del anciano, le preguntó:
-¿Puedo conocer su nombre?
-Me llamo Destino.