.

.

Visto con Perspectiva

¡Bienvenidos de nuevo al blog! Hoy vamos a hablar de cómo vemos los problemas y de cómo deberían verse para ser solucionados de la forma correcta. Para ello, voy a utilizar unas imágenes que quiero que observes y que digas (o pienses) lo que crees que son nada más verlas. ¿Preparad@?




Bueno, seguro que se te han venido a la mente muchas cosas, ¿verdad? Ha sido tan fácil y rápido, que apenas has tenido que pensarlas con detenimiento. Si es que es lo que tenemos, que una imagen nos hace reaccionar con rapidez. En un chasquido de dedos, tenemos la respuesta correcta. ¡Qué sencilla es la vida!

Ahora hablemos de la perspectiva. Del cómo lo ves tú y cómo lo ven los demás. Este tema es interesantísimo (a mí me lo parece) y, además, muy extenso. Tranquil@, yo me voy a centrar a una mínima parte. Quiero que mires con atención la siguiente imagen:


Se puede decir que, con sólo un error visual que produce nuestro cerebro, parece que ambos tienen razón. ¿La tienen? Pues sí. Todo es cuestión de perspectiva. ¿Me permites entrar en tu mente? Genial. Quiero que visualices la siguiente imagen: imagina un puente. Lo ves desde un punto en el que tiene tres pilares que lo sostienen. Lo estás viendo perfectamente, ¿verdad? Bien.

Ahora vamos a caminar hacia él, pero no de frente, sino hacia un lado en diagonal hasta donde empieza el puente. Mientras vas caminando puedes fijarte en sus tres pilares. ¿A que parece que se van juntando poco a poco a medida que avanzas?
¡Estupendo! Hemos caminado tanto, que nos encontramos en la entrada del puente. Como has ido viendo, los pilares se han ido uniendo y ahora forman uno solo. Desde donde estás, puedes afirmar que el puente sólo tiene un pilar, ¿a que sí? Sin embargo, un desconocido se ha colocado en nuestro punto inicial y, obviamente, él ve que el puente tiene tres pilares.
En ese momento, al desconocido le surge una duda y le da por gritarte desde lejos. —¡Eh! ¿Cuántos pilares tiene el puente?—. Y tú observas el puente con cautela. Sabes (porque has estado en su lugar) que el puente tiene tres pilares, sin embargo, ahora sólo ves uno desde tu posición y gritas: —¡Uno!—.
El extraño se echa a reír y te responde con altanería: —¡Está usted equivocado! ¡Son tres!— y vuelve a reírse. Tú, que te enfada que el hombre te diga algo que ya sabes, pero que en ese momento no es real, insistes: —¡Desde aquí tiene uno!—.
El desconocido decide ir hasta tu punto para comprobar la veracidad de tu insistencia. Cuando ambos estáis en el mismo sitio, el hombre reconoce que decías la verdad; sin embargo, él también insiste en que debes ver el puente desde su punto de vista. Tú le explicas que ya lo habías visto, que sabes que el puente tiene tres pilares. Eso enfada al hombre. —¿Si sabía que tenía tres por qué no me lo dijo desde el principio?—. Tú sonríes y dices: —Porque no es fácil creer lo que no vemos con nuestros propios ojos—.

A todo esto, se acerca un tercer hombre que había permanecido escondido bajo el puente y que había sido testigo de la discusión. Se viene riendo burlón e interrumpe la charla. Os señala y os dice: —Ambos estáis equivocados. El puente no tiene ni un pilar ni tres, tiene seis. Si bajáis a la base del mismo, allí abajo -señaló la profundidad- donde todo empezó, veréis que hay seis—.

Esto es la perspectiva, amig@. Todo depende de desde dónde veas las cosas, de cómo las mires, de lo que te dediques a conocer todos los puntos de vista y de lo cerca o lejos que estés del dilema. Bien, ahora quiero que te fijes en las imágenes de abajo. Ahora, vemos los objetos a una distancia ideal para analizar su realidad. ¿Eran las imágenes que en un principio creíste que eran?





¿Te sorprende? Imagino que sí. Lo mismo nos pasa con los problemas que nos asedian constantemente. Estamos tan cerca de ellos, que no somos capaces de ver la realidad. Por eso te he puesto este pequeño ejercicio visual. Muchas veces tendemos a intentar solventar dilemas que ni siquiera vemos por completo. Sólo observamos una pequeña parte y nos aferramos a ella. La juzgamos, tomamos medidas y decisiones que igual nos resultarían menos difíciles si conociéramos en profundidad el tema.

Decisiones de las que muy a menudo acabamos arrepentidos por completo o en gran parte. Y, ¿todo por qué? Porque somos impulsivos y, hay que reconocerlo, bastante vagos. Sí, vagos; porque sabemos que tenemos la opción de ver el problema desde fuera; pero, como nos cuesta una barbaridad o nos da miedo lo que vamos a encontrarnos, nos decimos a nosotros mismos lo cansados que estamos con el tema, pasamos por alto que no tenemos todas las perspectivas y elegimos un poco al azar. ¡A lo que los dioses quieran! Y eso se debe acabar.

¿Cuesta? Sí. Sin embargo, tenemos que ser conscientes de a qué nos enfrentamos. Verlo desde todos los puntos de vista posibles antes de tomar decisiones. Sólo así, el arrepentimiento será mínimo (sabemos todos que, aunque algo nos duela, somos masoquistas y las echamos de menos) En eso no te puedo ayudar por más que quiera...

Espero recuerdes el ejercicio, que te haya gustado y que te ayude. Una vez más, muchísimas gracias por dedicarme un rato de tu tiempo. Pasa buena semana.

                                           Un abrazo,

Gabriel A. R.


Textos: Gabriel A. R.

Sanación Reconectiva

¡Bienvenidos una vez más! Como algunas personas ya saben, normalmente hablo de temas que conozco desde hace bastante tiempo, de momentos de mi pasado, de experiencias vividas, de pensamientos sustanciales, etc. Sin embargo, hoy hablaré de un tema muy especial para mí, tanto, como auténtico. Es una experiencia directa, actual y sincera, que estoy experimentando ahora, en este preciso momento.

Ayer día 8 de diciembre de 2013, acudí a una charla sobre la Sanación Reconectiva recomendada por un amigo al que acompañé. Debo admitir de entrada, que si decidí ir fue porque siempre me ha llamado la atención el poder de la mente humana para sanarse a sí misma. Es algo que me fascina. Además, como estoy escribiendo una novela basada en temas similares, sobre la fortaleza de la mente para recordar, mejorar, reestablecerse y demás, vi la oportunidad perfecta para obtener más datos.

La charla fue impartida por el sanador Pablo Moreno, un instructor titulado por el Dr. Eric Pearl. Mi primera impresión al llegar al local donde se iba a impartir fue trascendental para las horas posteriores. Al principio sentía nerviosismo, ya que, era un lugar extraño en el que nunca había estado y soy sensible a los cambios. No me sentía cómodo, ni receptivo. No obstante, debo decir que, contrariamente, el sitio rezumaba una paz inmensa pese a mi inquietud.

Durante la charla, oí hablar a Pablo Moreno de datos y testimonios científicos sobre la sanación reconectiva, los beneficios que aportaba, lo increíble que era. Dentro de mi cinismo, es decir, en mi mente, no paraba de pensar ¿qué hago aquí? Miraba como llameaba una enorme vela aromática, que estaba colocada sobre una mesa, sin dejar de cuestionarme los motivos que me habían llevado a estar allí. Curiosamente, mi mente me respondía "debes estar aquí, confía; se paciente".
Atendiendo a este conflicto interno, a medida que Pablo Moreno hablaba, empecé a experimentar ese deseo que me impulsa a escribir de forma compulsiva, aún sin saber muy bien qué voy a transcribir (algo que debo decir que no me pasa mucho últimamente por culpa del estrés). Aquel hombre transmitía una serenidad fuera de lo habitual. Sus palabras estaban repletas de pasión por su trabajo, de entrega, de confianza en lo que creía y hacía. Lo admito, me causó una impresión inmensa oírle, a pesar de que estuve un par de veces a punto de preguntarle qué se había fumado antes de empezar (lo siento Pablo, tenía que confesarlo).
No fueron los datos científicos ni la cantidad de casos de personas curadas lo que me impactó, sino sus anécdotas personales. El cómo un ser humano puede llegar a sentirse pleno con pequeños detalles, detalles insignificantes, sin llegar a recrearse de forma permanente en ellos; sin llegar a darles mayor importancia que la que tienen y, aún así, disfrutarlas tantísimo. Su naturalidad fue la que me envolvió. La que me hizo olvidar mis preguntas y centrarme en lo que transmitía.

Luego, una vez finalizada la charla, Pablo Moreno pasó a hacer las demostraciones de este tipo de sanación. No sé qué motivo le impulsó a escogerme a mí para hacer la primera demostración; yo, aún dentro de mi escepticismo, me incorporé de la silla y seguí sus instrucciones algo nervioso y confuso. No tenía referencias de qué iba a hacer conmigo o qué iba a suceder —Debo aclarar que la sanación reconectiva es, por decirlo de una forma sencilla, la transmisión, renovación y modificación de energías del cuerpo—. Pablo Moreno colocó sus manos sobre mis brazos y la experiencia comenzó a fluir (literalmente). Debo mencionar también, que mi poca fe en esto, me hizo reprocharme el sentir lo que sentí, achacándolo a mi imaginativa mente, ya desprovista de armas para poder controlarla. Me enfadé conmigo mismo por notar el flujo de energía revitalizándome. Sí, me enfadé, y mucho, por dejarme influir por aquello.
Cuando acabó conmigo, y pese a comprobar de inmediato los cambios favorables (porque fue cuestión de minutos), además de los diferentes estados de ánimo que presentaba, tanto yo como el resto de participantes, sentía dentro de mí que aquello apenas había funcionado, que no había hecho en mí lo que los demás decían con certeza que sentían, y pensé "el universo no ha querido que funcione conmigo esta vez" Pensé "esta vez" porque, sin saberlo, yo mismo he hecho este tipo de autosanación en otras ocasiones (lo sé, ¿si no crees en ello cómo es que te lo hacías tú mismo? Muy sencillo; tengo la certeza de que estoy más loco que cualquiera de ustedes y, pese a mi falta de creencia, tiendo a llevar a cabo todo aquello que pueda aportar una mejoría en mi vida personal. Es el pensamiento de... por probar no pasa nada).
La cuestión aquí, es que me fui para casa con la sensación de no haber conseguido nada, salvo datos para mi novela; algo que no está nada mal, pero tampoco me sentí realizado o satisfecho, no sé si me explico.

Lo maravilloso e impresionante —que es por la razón por la que escribo esto hoy—, fue al despertarme esta mañana. ¡Sí! ¡¡Esta mañana!! Llevo más de tres años despertándome a las doce y media del mediodía con tirantez, pesadez, decaimiento, entre otros muchos males que me piden a gritos que me vuelva a dormir hasta el mes siguiente. Sin embargo, lo que ocurrió fue todo lo contrario. A las siete de la mañana experimenté... bueno, mejor les copio el e-mail que le he enviado a Pablo esta misma mañana:


Buenos días, Pablo. Mi nombre es Gabriel, soy uno de los chicos que asistió ayer a su charla sobre la Sanación Reconectiva. Le escribo para contarle los cambios que estoy sintiendo, como le prometí. Sin embargo, antes, debo admitir que ayer fui bastante escéptico. Cuando practicó la sanación conmigo sentí sensaciones que achaqué a mi imaginación, como lo fue el frío, el cosquilleo y el flujo de energía. Aún viendo y oyendo las experiencias de los demás, seguía siendo bastante cínico. No notaba en mí esos cambios tan radicales que habían experimentado otros participantes, y pese a que dijo que no había que crearse expectativas, lo hice de forma inconsciente.

Sin embargo, ocurrió algo maravilloso que me ha hecho redimirme de mi cinismo por completo. Esta mañana me desperté con una tremenda presión en la cabeza, como si alguien estuviera estrujándome con una prensadora (suena desagradable, y en parte lo es; pero, al mismo tiempo mi cerebro rebobinó todo lo ocurrido ayer en la charla de una forma detallada y rápida). ¡Procesaba información con una velocidad pasmosa! Era como si mi mente hubiera desfragmentado toda la información que tenía y que me saturaba, y liberado muchísimo espacio para poder almacenar más datos, reordenar los que ya tenía y acceder a ellos con facilidad; y eso es algo impensable en mí. Hacía AÑOS que no sentía mi mente tan ligera, tan despierta, tan receptiva y detallista; tanto en pensamiento como en velocidad.
Hasta ayer mismo, se podría decir que mi mente era pesada, desprovista de armas para procesar información y, lo que era más desagradable, el no retenerla más de un par de minutos (por culpa de esto he sufrido muchos problemas en mi vida personal y laboral). Y ahora, así de repente, siento como si mi cerebro estuviera listo para empezar de nuevo a trabajar a toda máquina, y eso no sólo es impresionante, sino ¡una auténtica maravilla!
Asimismo, no es el único cambio apreciable en todo esto. Nada más abrir los ojos (y a medida que la presión en mi cabeza disminuía) empecé a percibir emociones que, prácticamente, no sentía desde hacía muchísimo tiempo. He pasado de un estado de moral baja y resentida, a una positividad casi incontrolable. Me siento vivo, con ganas de trabajar, de esforzarme, ¡de correr y saltar!. La motivación que siento es indescriptible con palabras, ni me atrevo a clasificarla porque probablemente se quedaría corta.
Noto como si se hubiera descorchado el tapón de la negatividad y "viera" como todo lo que me frenaba desapareciera por un desagüe invisible. Mi mente se ha desecho de pensamientos tales como "no puedo hacerlo" "es imposible" "me viene grande" "me supera" "es demasiado" y un largo etcétera; sustituyendo todo eso por una euforia y una energía que, por ahora, califico como exageradas (espero poder llegar a dominarlas porque realmente son inmensas). Siento ganas de amar y abrazar de nuevo mi vida. Es como si todo lo malo ya no pesara nada y se sustituyera por la curiosidad y la emoción de obtener nuevas experiencias. Me siento inmenso, realmente bien y vivo. ¡Siento muchas ganas de llevar a cabo todas mis metas! No siento esa dejadez, ni ese malestar de tener que empezar de cero, ni siquiera el miedo. No temo al miedo. Es curioso que pueda decir esto, porque era algo impensable. ¿Dejar de temer el miedo? Pues sí. Siento que puedo afrontarlo y, lo más importante, vencerlo.

No tengo más que palabras de agradecimiento para usted y esta maravillosa sanación. No sé cómo explicar mi gratitud y la gran admiración que siento ante este regalo tan especial y espectacular que me ha hecho. Espero que mis experiencias personales le ayuden en su motivación, y que pueda continuar ayudando a la gente, como ha hecho conmigo. Ese sería el mayor de los regalos, el más beneficioso sin duda.
Le iré contando más cambios que vaya experimentando, según vayan surgiendo, porque tengo la sensación de que esto sólo es el principio. Sé que igual suena exagerado, pero tengo la sensación de haber vuelto a nacer.

Le deseo lo mejor en su vida y en su trabajo, y que el universo le ayude en todo cuanto se proponga.

Con mis mejores deseos,

Gabriel A. R.



Apenas tengo más que añadir, imagino que ha quedado bastante bien explicado. Sé de sobra que algunas de las personas que leerán esto pensarán que estoy siendo exagerado. No obstante, si tienen la oportunidad de probar este tipo de sanación, no lo duden ni un instante. Les aseguro que se sorprenderán más de lo que creen y de lo que esperan. Con mis mejores deseos para todos ustedes.

Les dejo el blog personal de Pablo Moreno: http://lareconexionylavida.wordpress.com/


Texto: Gabriel A. R.
9 de dic. de 2013

Sombras y Luz

Sí que existen esos días en los que preferirías que no se repitieran, ¿verdad? Todos pasamos por ellos; a veces, más de lo que nos gustaría. Días en los cuales un simple momento, una simple frase, un simple mal gesto, desmorona tu confianza y se transmite de forma directa y errónea a tus pensamientos y a tu corazón. 
En ocasiones, ni siquiera es algo vivido, sino soñado o imaginado. Situaciones que hacen que te plantees qué tipo de persona eres. ¿Soy mala o buena persona? Incluso, nacen de forma instintiva preguntas como: ¿Usar mis conocimientos sobre como piensa, o es, una persona me convierte en un manipulador? Algunos te dirán que depende. Depende de en qué forma uses esos conocimientos. No es lo mismo usarlos para sacarle una sonrisa a alguien, que para hacerla llorar.
¿Seré un maltratador sin saberlo? ¿Mis instintos asesinos significan que puedo serlo en algún momento? ¿Por qué me produce tanto terror convertirme en alguno de los anteriores? Esta pregunta no sabría concretarla con nada en particular; tiene mucho que ver con la cultura a la que estamos expuestos, o es más una cuestión de principios personales que me llevan a asustarnos ante la culpa, o lo que es peor (por ser más usual), ante el castigo. ¿Temer el castigo es lo que me convierte en un "no-asesino" "no-maltratador" "no-acosador" "no-lo que sea"? ¿El miedo a las repercusiones me frena o es mi nobleza la que bloquea esa oscuridad? ¿Es mi Luz la que me convierte en buena persona y mi Oscuridad en mala? ¿Cuál es el punto que mantiene el equilibrio entre ambas potencias?

Puedo responder a eso: nuestras elecciones.


Antes de llegar a esa conclusión, mis propios demonios invaden mi mente más de lo habitual. Intentan que mi autoconfianza se vea mermada por las dudas sustanciales. La incertidumbre sobre si soy mala persona, mal hombre, mal amigo, mal amante, malo de algún modo puntual o general, me hace sentir diminuto y desprotegido ante la ignorancia. No sé si a ti te ha pasado alguna vez, pero a mí me da muchísimo pavor llegar al punto de desconocimiento de estar sin respuestas para mis preguntas.
Convertirme en algún tipo de maltratador, psicológico o físico —entre otras muchas formas de comportamiento despreciable—, es lo que me quita el sueño en días como estos. Es importante recalcar que no se debe a que tenga impulsos de hacer daño a alguien, de la forma que sea; no es eso. Lo que ocurre es que he llegado a experimentar la agresividad que desprenden algunas personas, ya sea de forma directa o indirecta (y, a veces, incluso pasiva, que pasa más inadvertida pero está ahí igualmente), hacia sus parejas, amistades, familias,... y no sé si son conscientes o no de ello, pero existe esa violencia; es un hecho. Y la temo. La temo como un gato teme el agua fría.
A lo largo de mi vida he intentado evitar tener esos tipos de comportamientos. No quiero ser así, ni quiero hacerle a nadie lo que no me gustaría que me hicieran. Pero, como ya dije, nuestros propios demonios se apoderan de nuestra mente y hacen auténticos estragos. Sólo basta unas palabras ajenas a ellos, malas palabras con referencia a lo malo que eres por algo en concreto, para que se incremente su fuerza y la tuya disminuya; te hacen dudar, te invade el temor como una avalancha imparable. Y te preguntarás, ¿por qué dudas tanto? Si has decidido no ser así, no lo serás. Es verdad; aunque sólo hasta cierto punto.
Hay ocasiones que no son de violencia directa, pero sí que son agresivas en cierto modo. Temo llegar a heredar esa agresividad como si fuese una esponja que lo recoge todo y lo procesa almacenándolo en el subconsciente para usarlo en el futuro. Es como en los casos de oír y presenciar peleas, de estar presente en gestos y miradas, de palabras desagradables, de humillación verbal y/o física, de desequilibrio de poder, de resignada sumisión, de intolerancia, de desigualdad, de destrucción de la otra persona,... situaciones que merman el alma y alimentan a los demonios creando verdaderas batallas internas.
Y con todo esto que sucede a mi alrededor pienso, ¿yo soy también así? ¿Cómo puedo saberlo? ¿No tengo forma de escapar? Y entonces (y aunque te parezca infantil), recuerdo las palabras de Dumbledore —Harry Potter— "no son nuestras habilidades las que demuestran quiénes somos, sino nuestras elecciones." E intento grabar esas palabras en mi mente, retenerlas, repetirlas y usarlas de forma correcta cuando recaigo en la duda.

Creo que lo que realmente me preocupa (y temo) es que estos comportamientos también sean parte de mí algún día. Porque tengo actitudes similares a esas personas, porque tengo momentos en los que también pierdo la calma y noto como la oscuridad y las sombras se enmarañan en mi interior. Y, la verdad, ya bastante me cuesta llevar algunas formas de pensar y de ser propias, como para encima tener que acabar siendo también una persona dañina para otras. Es mi lucha continua, es mi día a día, ir despacio y firme, solventando pequeños resquicios y obligándome a comprender que no todo en mí es malo, ni agresivo. Que no por tener instantes oscuros me convierte en un ser oscuro; que son mis elecciones las que importan y no mis demonios.
Esto lo hablé recientemente con una persona a la que aprecio bastante más de lo que piensa, y me aportó unas palabras de apoyo que espero conservar en mi mente siempre que me sienta débil ante mi oscuridad: "No somos esas personas; nos podemos parecer a ellas, pero nunca seremos iguales. No vas a ser así, ¡estoy completamente segura! Me fijo mucho en esas cosas y no me suelo equivocar con la gente."
Como final para este texto, debo decir que, tanto ella como Dumbledore, tienen razón. No son las aptitudes, sino las decisiones, las que nos convierten en un tipo de persona o en otra. Nuestra forma de ser no siempre se mide por momentos "buenos" ni "malos". Nada es blanco o negro, los matices tienen mucho que decir al respecto. Gracias por llegar hasta aquí y compartir una vez más estos ratitos conmigo y mis paranoias.

Con afecto,

Gabriel A. R.

Conversaciones

Alguien me dijo una vez que era inflexible con todo el mundo menos con unas pocas personas. Al escucharla sonreí. Esas pocas personas a las que se refería componen mi universo personal. Son las que han logrado de algún modo encontrar la estratégica puerta de mi alma. Me han visto a mí y sólo a mí, sin prejuicios, sin miedos. Observaron con paciencia mis defectos, se quedaron a mi lado al conocerlos, me abrigaron con sus brazos cuando más frío de soledad tenía y siempre logran que sonría cuando tengo ganas de llorar. Sí, tienes razón, soy inflexible con el mundo, pues poco he conocido de él que me haga ser confiado.
No obstante, lo intento; intento ser más flexible y por ahora voy tirando. Quizás tarde más de lo que a todos nos gustaría, pero es la marcha que tiene mi corazón cuando conecta con mi cerebro y siente razonando y razona sintiendo. Un proceso complicado y sencillo al mismo tiempo. Hablando de tiempo, cuando alguien dice que el tiempo cura toda herida, no dice la verdad. Las cierra, pero no las sana. Puede que por eso también se ralentice el proceso, pero mi lema es "seguir adelante" y aunque sea arrastrándome, conseguiré mejorar como ser humano, como persona, como hombre, para que algún día recordemos esa conversación y te sientas orgullosa de tener que admitir que lo logré.
Hasta entonces, sigue queriéndome con mis defectos y mis virtudes, pues este soy yo. Sin máscaras, sin dolores, sin sufrimiento; sólo yo, con mis sonrisas, mi locura, mi insensatez y esa manera que tengo de hacerte sonreír sólo con escribir cuatro palabras posiblemente mal seleccionadas.

Gracias por ser parte de mi universo.
Te quiero.

Gabriel A. Rancel

Cartas rescatadas del baúl de los recuerdos.

Queridísima amiga,
Sé que no te va a resultar fácil comprenderme; sobre todo, cuando me dedico a hablar de amor sincero en mis novelas y a mis seguidores. Quiero que entiendas que para mí es diferente. Yo conocí al amor de mi vida, y sé que si me mantengo ocupado bailando muy rápido, no tendré tiempo para recordar que he perdido el corazón en sus ojos, ni tendré presente el dolor que causan estos sentimientos tan fuertes, ¿comprendes?
Te ruego que no me juzgues por decidir ser libre y no pensar en el romanticismo personal. No voy a negar que eres única e insustituible, puesto que todos lo somos; ni puedo decirte que te amo con toda el alma o que moriría por ti, porque me resulta imposible decirlo sin que sea de corazón. Me hago cargo de la acusación de negarme a amar y de haber cerrado la puerta y no dejar entrar a nadie. Ante esto, como única defensa posible puedo alegar que siento que no lo necesito. Tengo el respeto y el afecto de las amistades de las que me rodeo y, por ahora, me basta con eso.
Verás, no se trata de excusas o de malas decisiones. Ese amor que mencioné, me llenó tanto, que nadie logra alcanzar la magnitud de esos sentimientos; al menos, hasta ahora no se ha dado el caso. Lamento ser así de sincero y directo contigo, pero comprende que hacerte perder el tiempo, tanto a ti como a cualquier otra persona, no es algo que me atraiga o que busque. Es más, siempre lo dejo claro, y tú lo sabes. Se trata de respeto y, ante todo, de aceptación. Sabes de sobra que no se puede obligar a nadie a amar, que en el corazón no se manda, y menos sin pararse a pensar el porqué soy como soy en la actualidad.
Claro que puedes (y debes) creer en el Amor; y que puedes confiar en la fidelidad del alma cuando se enamora. Lo que no puedes pretender es infiltrarte en cada fibra de mi piel y creer que con ello borrarás recuerdos, amores, promesas, que ni siquiera deseo borrar de mi vida. Y es importante que comprendas que no te pertenezco. De hecho, quiero dejar claro que no soy una posesión, ni un juguete. No puedes mandar sobre lo que siento dando gritos y patadas, enfadada por no lograr lo que quieres de mí. Se trata de mí y de mi corazón. Sólo yo, sólo mío.
He de añadir que no me gusta compartir algo que ya ha sido entregado y sellado bajo un amor auténtico. Mi baile me pertenece. Me favorece, sí; suele atraer a las mujeres, gusta mi misterio y la dificultad de conquistarme, pero no es culpa mía. Mi soltería carece de importancia e interés al ser por un fin tan desalentador como lo es el no olvidar que mi amor se perdió en el tiempo. Tiempo que pudo ser mío y lo dejé escapar. Tiempos de amor sincero, aún eternos en mi corazón. Amor que dejé ir a sabiendas de que si era para caminar junto a mí, regresaría. Es mi pensamiento, es mi esperanza. Aún espero que si realmente ese amor especial está para mí, acabe regresando de una forma u otra. Hablo de él  en pasado, sí, porque ahí quedaron todos mis sentimientos junto a ella, mi persona favorita en el mundo.
No quiero que te equivoques, comprendo que te duele, que me quieres, que quieres entregar tu corazón hoy y que para ti soy importante, para mí también lo eres, una cosa no quita la otra; pero eso no significa que esté enamorado de ti, ni que pueda amarte como deseas ser amada. Yo sé amar, pero amo a mi manera. Compréndelo, mi corazón está como un árbol sin hojas; tengo muchas secuelas de ese amor que extrajo de mí todo lo que poseía en mi interior. Ese amor que con sólo una mirada y una sonrisa podría hacer caer todos los muros que me protegen. Pese a mis esperanzas con ese antiguo amor, comprendo que su regreso es difícil, si es que queda alguna posibilidad. 
Sí que detuvo mi tiempo y me dejó sin aliento. Incluso, desbordó mi vida y la volvió del revés. Asimismo estoy aprendiendo a sanarme y a mejorar mi vida. Más que nada, antes de empezar una nueva relación, si llega a darse el caso. Con esto no te estoy pidiendo paciencia conmigo, porque no me voy a comprometer para nada a un futuro incierto, ni cercano ni lejano. Vivo en mi presente, hoy, y así me quedaré por mucho tiempo, pese a quien le pese. Mi deber actual es ser una persona corriente, sobrellevar mi vida como pueda y sobrevivir en este baile imparable para continuar respirando y sanando mi corazón. No hay más motivación que esa en la actualidad.
Lo lamento, sé que no es lo que deseas oír de mí, pero es lo que soy, y no puedes hacer nada para cambiar eso. Mi libertad es lo que me convierte en alguien. Mis sentimientos son los que me hacen caminar. Siempre fui así, desde niño. No me mires así, ya sé lo que parece. Es una locura decir que tengo a dieta a mis sentimientos porque uno no escoge cuándo, dónde ni de quién se enamora. Simplemente he desconectado y continuo hacia delante aprendiendo cada día algo nuevo, siendo un hombre mejor, empleando mis esfuerzos en conquistar cada plan para alcanzar mis metas. Lo que no me deja mucho espacio para amar, que es lo que realmente busco. Me gusta conocer gente y mantener amistades; amistades, no parejas.
Sí, lo sé bien, doy a entender que temo enamorarme. Tengo miedo al amor. Por supuesto, no lo niego; ni me atrevería a ocultarlo. Lo temo, no por sus abrasadoras llamas cuando falta, ni por el dolor que causa. Temo haber perdido el amor que tuve y no me atrevo a afrontar que no existe ese amor para toda la vida. Eso sí me aterra. Esta es otra razón más para que deseches cualquier esperanza que hayas albergado pensando que yo podría ofrecerte algo más allá de una buena amistad. Y, teniendo en cuenta lo que me dijiste, no creo ser lo que me dijiste que soy, ya que no es lo mismo ser afable, que intentar enamorarte para tomarte el pelo. Quiero que te quede claro que mis principios no me permiten ser de esa forma, ni comportarme así como crees que lo hago. Mis únicos delitos son, seguir enamorado de mi primer amor, de mi constante, comportarme de forma educada y respetuosa, y ser afable con todo el mundo. En ningún momento te mentí, en ningún momento me he reído de ti.
Con esto, lo que pretendo decirte es que hay personas que, como yo, sólo dan su corazón una única vez por entero, sólo una y de verdad. El resto de amores, de pasiones, de lo que quiera que sea, es una búsqueda por encontrar la serenidad, la estabilidad o un ligero acercamiento al primero, pero no buscamos el amor en su ciento por ciento. Sabemos bien que no daremos el cien por cien de nosotros nunca más, por muy buena que sea la persona hallada, por perfecta que sea la relación. Y quiero que te quede claro que no es por terquedad ni por hacerte daño a propósito, es porque resulta imposible hacerlo. Amamos en su día, fuimos amados o no, pero en la vida ocurren situaciones incontrolables que nos hacen perder esa felicidad absoluta, y no es culpa de nadie, ni tuya, ni mía. Es lo que es. Es Amor y es incontrolable.
Perdona por el daño que pueden ocasionarte mis palabras, jamás fue mi intención. Eres una gran persona y una gran amiga. Deseo de todo corazón que encuentres tu felicidad, aquello que buscas, y que logres todo lo que te propongas en la vida. Es todo cuanto puedo desearles a quienes quiero y valoro.
Con mi más sincero cariño, 

Gabriel A. R.
Año: 2007
Desde entonces ha llovido mucho. He cambiado y mejorado con respecto a todo eso. Sin duda, volver a leer algo así creado por mí desde hace tanto tiempo, ha sido enriquecedor. Me he dado cuenta de los cambios y de lo que aún mantengo como parte de mí. Es curioso ver como la vida te va dando lecciones, y aunque uno cree no cambiar, se es muy diferente. Los cambios son buenos, puedes cambiar de opinión sin dejar de lado tus principios.

Tipos de Amor.

Existe una multitud de formas de amar. Yo hoy voy a nombrar de cinco de ellas y a hablar de tres, que son los casos más conocidos y los más experimentados por todos nosotros. Yo los denomino: Amor Correspondido, Amor No Correspondido, Amor Cabezota, Amor Momentáneo o con Fin Concreto y Amor Huidizo.
Los dos primeros son fácilmente reconocibles: o te corresponden a tu amor o no lo hacen, con sus más y sus menos. Sin embargo, los otros son casos que, pese a la familiaridad y la cantidad de veces que se dan, siguen siendo difíciles de solventar porque son los típicos casos en los que la puerta no se cierra, lo que impide a los enamorados pasar página y continuar con sus vidas.

Por ejemplo, el Amor Cabezota.
El Amor Cabezota es muy difícil de solventar. Es cuando una de las dos partes implicadas (o las dos) se empeñan en decirse el uno al otro que no sienten nada, cuando es obvio que sí. Es una versión desmejorada del Amor Correspondido, en la que les encanta sufrir a ambos intentando repelerse el uno al otro constantemente. Se enfadan el uno con el otro si muestran interés por otras personas, pero no se llegan a unir entre ellos. Al menos, no hasta llegar a un nivel de madurez casi rozando el final de su extraña relación, que es cuando llegan al punto de aceptar que nunca serán pareja. Es algo así como el perro del hortelano. Ni comen ni dejan comer. Se desean, se aman con fuerza, pero por alguna razón (que sólo ellos de forma individual conocen) se mantienen alejados. Es un tira y afloja que no lleva a ninguna parte. Salvo, en ocasiones, a odiarse tanto que se obliguen a sí mismos a amar a otras personas, aunque la atracción con susodichas no sea ni la mitad de fuertes que la que ya tenían.

Luego, tenemos el Amor Momentáneo, o también llamado, Amor por Interés.
No, no hablo de intereses materiales, porque eso no es amor. El Amor Momentáneo es ese amor que conoces un día, por casualidad; y que, a partir de ese momento, deseas poseer. Se cuela en tus sueños, en tu mente, la imaginas desnuda, la imaginas contigo en cualquier parte de la casa, haciéndolo de mil formas diferentes. Es el típico “¡la leche, cómo está de bueno/a!” o “tiene algo que me vuelve loco/a, pero no sé el qué es, aún así me lo/a comería entero/a”. Son esos amores en los que te pasas semanas, meses (o incluso años) -vamos, lo que yo denomino un "calentón a largo plazo"- sin saber cómo sería tu vida de haber probado su cuerpo, rozado su piel, sus besos, sus caricias, etc. y que, llegado un punto de irreflexión -porque el karma os lo ha puesto literalmente a huevo-, te acuestas con esa persona experimentando (algunas veces) una exquisita experiencia indescriptible. Digo algunas veces porque hay ocasiones en las que uno se lleva ciertas decepciones...
Es el amor por interés: una vez lo pruebas, ya se te pasa el mono y dejas de desearlo. Como que ya has logrado culminar un reto sexual, esa fantasía que siempre te volvió loco y que, en los peores momentos de relación, pensaste: de saber lo que sé, me habría acostado con ella cuando tuve la ocasión. Lo “bueno” de este amor es que, si el sexo es satisfactorio, posiblemente vuelvan a coincidir. Una canita al aire nunca viene mal, ¿a qué no? Y si es sin compromiso, ¡mejor!

Y, por último, pero no menos real e importante, está el denominado Amor Huidizo. Esta, sin duda, es la versión mejorada del Amor No Correspondido. Es un amor que, aunque siente que es correspondido, huye en dirección contraria como el fuego. Puede que las causas sean por miedo a sufrir, miedo al compromiso, miedo a enamorarse hasta perder su identidad, miedo a los cambios, etc. Es ese amor que cuando lo encuentras, sabes que es el definitivo, el que deseas mantener vivo toda tu vida, pero justamente, una de las dos partes, decide dejarse aconsejar por el miedo, las dudas y sus recuerdos o vivencias anteriores, y sale corriendo como alma que persigue el diablo. Esto no es todo, no. El Amor Huidizo regresa, así sin más, de repente y sin avisar, dándote esperanzas de que es posible ser feliz, pero que, a la mínima, por alguna tontería como una palabra comprometedora, acto, gesto o actitud que no le guste o no cuadre dentro de su mundo, saldrá corriendo de nuevo. Este quizás, es el amor más cruel de todos, porque el que mantiene la esperanza, generalmente, espera a que las cosas cambien sin caer en la cuenta de que jamás cambiarán, porque esa persona es así, huir es su forma fácil de alejarse del peligro que conlleva enamorarse, y mientras exista esa vía de escape, jamás se unirá a ti. Y cuando por fin comprendes este hecho, ¡cuidado! Porque justamente en ese momento regresará a ti esa persona, desmoronando tus muros y tus avances hacia la curación de ese amor destructivo.

Bien, seguro que hay miles de amores más de los que hablar, sin embargo, continuaremos con ello en otra ocasión. Espero que les haya gustado y que haya sido instructivo de algún modo. Una pregunta, ¿ya has pensado por cuáles has tenido que pasar tú? Y... ¿por cuál pasas ahora? Buenas noches y felices pensamientos...

Gabriel A. R.


¿Cómo es tu personalidad?

¿Cómo es tu personalidad?
Conociéndome la respuesta será "corta", así que mejor pídete algo de comer para la lectura.
Soy un hombre bastante cabezota, tenaz y constante cuando me propongo algo; pero sé recapacitar cuando me equivoco y pedir perdón. No soy orgulloso. Sufro una elocuencia irónica casi imparable. Soy responsable, divertido, tolerante, sociable y bastante cabroncete si me lo propongo (esto último es con referencia a mis amigos, ellos saben por qué).
Me considero un caballero, en cuanto a mujeres se refiere, muy de la vieja escuela y monógamo. Me encanta enamorar a mi pareja día a día. Lo que me recuerda también, que dependiendo de qué y con quién, soy muy impulsivo. Y, aunque en muchos ámbitos no lo parezco, soy muy tímido, tierno y reservado. Leal, respetuoso, confiado y totalmente fiel a mi pareja y a mis amigos.
Trato a los demás como quiero que me traten. Doy la cara siempre, no soy cobarde; me hago responsable de mis actos, es mi educación. Si he de decir lo que pienso, lo haré sin dudarlo. Si he de defender mis ideales, créeme que lo haré con todas las armas que me sean posibles. Me considero un hombre justo, sincero y reflexivo.
Como ya he dicho en muchas ocasiones, me alimento de los sentimientos. Me quedo con lo bueno, sigo practicando ver el vaso lleno, y me considero un aprendiz de la vida constante. Tengo momentos de dudas que nacen de un sentimiento de querer tener todo asegurado, por lo que también soy previsor, aunque sólo con respecto al corazón. De resto, soy muy aventurero y prácticamente nunca planeo lo que voy a hacer; vivo al día, podría decir que casi al momento.
Me gusta improvisar, inventar, soy muy imaginativo, soñador, espontáneo y algo payasete también. Soy muy paciente y relajado cuando se trata de esperar, pero soy un nervio para todo lo demás; no paro quieto en un mismo sitio. Viajo porque no aguanto en un mismo sitio demasiado tiempo. Y aunque me gusta estar rodeado de gente, también soy muy independiente. Tengo momentos en los que necesito mi propio espacio, y no tengo problemas con la soledad, me llevo bien con ella, necesito respirar, sino me agobio con facilidad.
Poseo bastante mal carácter. No suele salir nunca, salvo que me sienta agredido en mi integridad. Para mí el respeto, el honor y la verdad, son pilares que no se deben romper. Suelo perdonar con facilidad. El mayor enojo que he tenido en mi vida me ha durado dos días. Me suelo poner en el lugar de los demás antes de tomar decisiones que los implique. No hago juicios de valor a primera vista, me guío por los actos y no por las palabras.
Y no sé, ¿a qué te alegras de haber preguntado? Podemos asegurar ambos que soy un tostón hablando y escribiendo jajajaja es lo que tiene preguntar a un escritor que sufre verborrea.

Gabriel A. R.

¿Crees que el mal existe?

Bueno, teniendo en cuenta que existe gente que (en ocasiones) es muy mala, en otras no tanto y alguna vez es buena, sí. Existe el mal. Pero el mal sólo es una "apreciación" dependiendo de los valores que cada persona tenga como modelo. Por ejemplo, un tema muy popular actualmente: los toros. Para mucha gente es un arte nacional y para mucha otra gente es un crimen despiadado.
Yo no voy a ponerme de ningún bando porque no, simplemente. Pero sin duda es un buen ejemplo de lo que digo. El bien y el mal depende de quién lo mire y en el momento en el que lo juzgue (ya entrando en el ámbito emocional de otros asuntos que puedan estar cegando su decisión), como todo en la vida. Lo que sí puedo decir es que nos cerramos en mirar lo que la gente hace y juzgarla como "buena" o "mala" por un acto en concreto, desvalorizando todo lo demás, que crea el conjunto que "hace" a esa persona. Todos somos un poco buenos y un poco malos, hay que admitirlo. Es de lo que estamos hechos, de luz y oscuridad. La parte que decidimos fomentar es la que nos convertirá en la persona que seremos.



Después de una temporada mala tirando a desastre.

He pasado por un periodo corto de mala racha y negatividad externa, que estaba minando mi buen humor habitual. Lo bueno de pasar momentos como esos es que aprendes mucho de ellos. Si todo fuera positivo la vida carecería de interés. Al menos, es lo que pienso.
En esta época embarrada me he dado cuenta de que, "mientras siga creyendo en el mañana..." ayuda mucho a avanzar. Saber y tener la confianza en que todo cambiará es una buena forma de continuar andando hacia adelante. Y desde que comprendí esto, no he parado de moverme. ¿Que me caigo? No importa, me levanto y continúo. Escalo, nado, vuelo, corro, subo, bajo, atravieso, salto, lo que haga falta. Siempre mirando hacia delante, sin mirar atrás salvo para recuperar conocimientos adquiridos por el camino, y que quizás dejé aparcados durante un instante. De eso se trata, de luchar, de mejorar, de superarse, vamos... lo que viene siendo vivir.

Gabriel A. R.
Pensamientos
Positivos   

Texto de Neil Gaiman. ¡Me encanta!

He encontrado este texto de Neil Gaiman por internet y me ha gustado mucho. Es fantástico y brillante.


"¿Has estado alguna vez enamorado? Es horrible, ¿verdad? Te hace tan vulnerable. Abre tu pecho y abre tu corazón y significa que alguien puede meterse dentro de ti y echarte a perder. Construyes todas esas defensas, te fabricas toda una armadura para que nada pueda hacerte daño, y entonces, una persona estúpida, que no es diferente a cualquier otra persona estúpida, entra como si tal cosa en tu estúpida vida... Les das un trozo de ti. Ellos no lo pidieron. Hicieron algo estúpido un día, como besarte o sonreírte, y entonces tu vida deja de ser tuya. El amor toma rehenes. Se mete dentro de ti. Se alimenta de ti y te deja llorando en a oscuridad, una frase tan simple como "quizás deberíamos ser sólo amigos" se convierte en un trozo de cristal introduciéndose en tu corazón. Duele. No sólo en la imaginación. No sólo en la mente. Es un dolor en el alma, un verdadero "se mete dentro de ti y te destroza" dolor. Odio el amor."



Neil Gaiman

Más de 15.000 visitas. ¡GRACIAS!

¡Muchísimas gracias por estar aquí! Ya sea la primera vez o no. Hoy he obtenido una grata sorpresa al ver el contador interno de la web; al descubrir que más de mil personas han accedido en menos de un mes a la misma, para visitarla y disfrutar de ella, me he sentido realmente genial. No tengo palabras suficientes para expresar lo mucho que significa esto para mí, y poder agradecer el apoyo que me están brindando cada día.

Una vez más me resulta sorprendente haber llegado al punto en el que se ha superado las expectativas que tenía puestas en este proyecto. Me siento orgulloso, no sólo del esfuerzo de mi trabajo, sino al ver lo maravillosa que es la recompensa. Mi promesa es continuar trabajando día a día para mejorar y recompensar el apoyo que han depositado en mí. Espero estar a la altura y que continúe su fidelidad hacia mi escritura.

Prometí que expondría un capítulo de mi nueva novela, aún por publicar, y ese es mi regalo para ustedes hoy, por todo lo que han hecho y lo que me han hecho sentir. Les dejo el siguiente enlace directo al capítulo. Espero que lo disfruten y que comenten sobre él. :)

Muchísimas gracias por todo, un abrazo enorme.



Gabriel A. R.  
@ElArteEsTuyo

Yo nací

Yo nací en una época más altruista e imaginativa que la actual; donde los juegos se inventaban a medida que era necesario pasar de nivel y sus diversos mundos jamás se agotaban. Tampoco se pagaba patentes por ellos, ni uno tenía que preocuparse por no tener dinero suficiente para mantener el ritmo del juego. No llevaba cables, ni sensores, ni ningún otro aparato tecnológico.

Viví en una época en la que los amigos se llamaban por sus motes y todo el mundo los conocía por ellos. Muy rara vez reconocías a alguien por su nombre real (era lo más cercano a tener seudónimos o nicks en Internet.). Ni siquiera eran despectivos o desagradables. Siempre resultaban graciosos, originales y respetuosos.

Los amigos no se comunicaban por mensajes de texto diseñados de forma estratégica para que nadie sepa realmente qué diablos han puesto en ellos. La amistad es verdad que no podía ser en la distancia (salvo correspondencia por cartas), pero los amigos eran más cercanos y auténticos porque eran vecinos, primos, hermanos, y nos conocíamos desde que nacimos. Nadie tenía secretos y nadie pasaba desapercibido ni se ponían carteles de No disponible para no hablar con nadie cuando no les interesaba. Quisieran o no algo de ti, siempre estaban dispuestos a charlar y a reunirse para hacer alguna trastada. Te echaban una mano sin pedir nada a cambio.

En mi época no existían móviles (obviamente), ni televisiones de pantalla plana. Teníamos un walkie-talkie especial que era dar un becerrido (grito) desde la plaza a los que pasaban por la calle general. A veces, les llegaba la señal y otras no. Siempre con un silbo al final de la calle bastaba para saber que eran ellos y que te reclamaban.

Los aviones y helicópteros eran maquetas de papel, lo más cercano a la realidad que teníamos. A veces, con mucha suerte, sobrevolaba alguno por la zona y nos dedicábamos a saludar con la mano y a pedir un deseo. -Existía la leyenda urbana de que se cumplirían si lo pedías de corazón.- La mayoría de los que recuerdo, decían que siempre pedían lo mismo. "Quiero tener un hermanito." Y recuerdo perfectamente las caras de esos padres, que se miraban entre ellos desconcertados y cambiaban de tema.

Al no tener Internet, ni redes sociales, ni libros electrónicos, etc. Nuestra biblioteca era el centro de ocio más utilizado. ¡Allí sí que te enterabas de historias interesantes! Muchos de nosotros llegamos a tener bipolaridad por culpa de los libros (era un pirata y de repente un superhéroe, un oso parlante, un lobo feroz,... y, a veces, hasta varios a la vez). No tenías que pagar para comprar sabiduría, los libros eran gratuitos y los compartíamos. Cada día lo tenía alguien diferente y siempre estaba en perfectas condiciones. Nadie los rayaba, ni les arrancaban hojas ni las doblaban, como mucho te veías un corazón que ponía Loli quiere a Pepe en una esquina bien disimulada.

¡Ay! ¡Las declaraciones de amor! Eran de lo más originales. Uno se plantaba delante de la chica (o el chico) que le gustaba y, con todo el valor que su corazón le permitía, recitaba una poesía llena de sentimientos auténticos. No se copiaban de Google o lo sacaban de películas famosas y taquilleras. Eran auténticas frases espontáneas, claras y casi siempre concisas. La gente no se enamoraba de un famoso al que sólo conocían por fotografías o por lo que los medios decían que era. Ni insultaban a los demás por no amar a sus ídolos o compartir sus gustos. La gente se enamoraba a través del conocimiento, de la convivencia, de las experiencias conjuntas y, sobre todo, SE RESPETABAN.

Los mensajes de los enamorados, de los que estaban a punto de comprometerse o se iban a casar, siempre acababan escritos en los bancos de madera con tinta de bolígrafos corrientes, para que el tiempo y el agua desgastara la tinta y otros pudieran escribir después. A veces, escribían en pequeños papeles (a menudo servilletas de los bares), los sueños, metas y deseos que querrían que se hicieran realidad en el futuro que les esperaba juntos y los escondían en las rendijas de los árboles. -Hoy en día miro atrás, y pienso que era un gesto muy hermoso, porque era como dejar en el árbol un trozo de nuestra alma y además, la del papel que en su época fue también un árbol.)

Una parte muy importante de la época en la que yo nací, es que la palabra de un hombre (o mujer) se cumplía siempre. Ya fuera conveniente o no para el que la hizo. Era cuestión de honor y el honor era importante. Nadie se escaqueaba, ni miraban hacia otro lado. No mentían diciendo que harían algo y luego ya no volvías a saber de ellos. No te juraban amistad eterna porque no hacía falta. La amistad lo era por sí sola. La fidelidad era otro de los valores más importantes. Fidelidad hacia las amistades, el amor, el trabajo, el empeño, a ser uno mismo.

¿Lo que más me gustaba de mi época? La sencillez de la gente. Que nadie se ocultaba tras máscaras ni fachadas. Nadie señalaba con el dedo al que era distinto, nadie hablaba mal de nadie porque sabían que se enterarían y su honor estaba en juego, nadie te juzgaba por la ropa que llevabas porque todos éramos trabajadores del campo o pescadores. No se difamaba a la gente, porque todos estábamos en el mismo bando. No se insultaba a los adultos, ni a los jóvenes. Las peleas nunca llegaban a las manos de nadie más que de los implicados. No existía bullying y los malos tratos se castigaban de verdad. Los consejos de los ancianos eran sellos auténticos de fortaleza, supervivencia y sabiduría. Los padres eran la máxima autoridad y los primeros maestros. Después de ellos, continuaban los que se dedicaban a la enseñanza, la autoridad y, por supuesto, los líderes.

Esa era mi época. Una época especial y única que no volverá a repetirse.

Gabriel A. R. -Yo nací.-

La Próxima Vez de Marc Levy.

¡Hola de nuevo! Hace mucho que no escribo en este apartado de la web. ¡Mil perdones! He tenido unos meses bastante liados con mis novelas.

Hoy les quiero presentar una obra literaria que no tiene desperdicio alguno:

La Próxima Vez  del escritor Marc Levy


No he podido resistirme ante el siguiente párrafo que expongo. No sólo porque me parece magnífico, sino que ha sido capaz de transmitirme esa electricidad característica que busco en la literatura. Esa conexión a través del tiempo y del amor, a través de las palabras y su autor.



Resumen:
Cuando Jonathan, experto en pintura, conoce a Clara, propietaria de una galería, surge entre ellos un sentimiento vertiginoso, que parece haber franqueado las barreras del tiempo para ofrecerles la última oportunidad de ser felices.
Unidos por algo más que su desmedida pasión por el arte, espoleados por un destino cuya magnitud se les escapa, seguirán el rastro de un pintor ruso por diferentes ciudades de Europa, sin saber a ciencia cierta qué oscuras verdades pueden llegar a descubrir.

Mi valoración personal:
Creo de verdad que tanto los distintos paisajes descritos como los diálogos son realmente fantásticos. Gozan de una gran calidad y hacen sentir cercanía absoluta. Este libro no tiene desperdicio ninguno. Las tramas están muy bien distribuidas, los personajes y sus personalidades son fácilmente reconocibles, describe a la perfección las opiniones sobre diversos temas y crea un vínculo casi espiritual entre los personajes y los lectores.

Gabriel A. R.

¿Hola? ¿Te conoces?

¿Sabes esa sensación cuando una mañana te despiertas y te das cuenta de que nada de lo que pensabas era real? ¿Qué nada de lo que pensabas que era sinceridad lo era? ¿Qué descubres que tu vida era una inmensa colección de máscaras una sobre otra?

Bien, digamos que me ha pasado eso. Sólo supongamos que es así. Si te hubiera ocurrido a ti, ¿qué pensarías? Por ejemplo, imagina que llevas años siendo de una forma concreta, que has pensado, has variado, has opinado, has invertido pensamientos, etc. creyendo que eras tú mismo. Sabiendo con seguridad que te conocías, que dentro de este mundo de locura, tú, al menos, te conocías perfectamente. Y de repente, un día, por una frase que alguien dijo o un comentario que hizo (tal vez sin darse cuenta) tu mente empieza a trabajar y empieza a desvelar partes de ti que ni sabías que tenías.

Un ejemplo más claro, imagina que tienes una personalidad que crees que es maravillosa, que es la correcta, que es la que mejor te define. ¡Ojo al dato! Hasta ahora no he dicho que seas tú mismo, sino que eres esa persona que crees ser. Bien, ahora imagina que van pasando los años, y esa forma de ser que siempre has querido tener, se va adhiriendo a ti muy lentamente. Hasta que llega el punto en el que ya no sabes si eres tú o es esa máscara la que domina tu vida. ¡No te has dado cuenta! Pero te ha invadido y te posee como un amante en las sombras. Te maneja a su antojo, te controla, te manipula. Te exige sin darte cuenta las cosas que debes hacer, que son necesarias que hagas porque ésa es tu forma de ser. ¡No debes salirte de las pautas marcadas o habrá terribles consecuencias! ¿Cómo qué? Como personas que dejen de apreciarte, que te señalen con el dedo y digan "has cambiado" y no te lo dicen como algo positivo, sino como algo muy malo. Empieza a haber mucha negatividad a tu alrededor porque nada sale como quieres, te frustras, te cabreas con el mundo, te preguntas "¿por qué a mí?" y sigues acumulando máscaras para tapar los fallos cometidos, los hundes bajo las aguas de la realidad bajo mucho peso. El peso de las consecuencias, de las malas decisiones, de los horrores que conlleva revelarse contra la personalidad que te has creado.

¿Suena agobiante verdad? Y ahora piensas seguramente, "menos mal que no me ha pasado a mí". ¿A que sí? Pues siento decirte esto, pero es posible que sí te esté pasando a ti, otra cosa es que no te hayas dado cuenta de ello. Porque es lo que tenemos los seres humanos, que nos vamos acomodando a unas pautas, a unos patrones sociales, a los miedos, a las dudas, a no poner parar de pensar lo que la gente puede estar opinando de nosotros en estos momentos. Todo eso, querido amigo, todo eso, es de lo que te he estado hablando en la lectura. Nadie se salva de estar con los ojos vendados. ¿Tu suerte? Que aún estás a tiempo de quitarte la venda y plantar cara a la situación.
¿Cómo? Yo no puedo decirte cómo. Vas a tener que buscar dentro de ti, conocerte de verdad. Será algo agotador, será brutalmente complicado. Pero, en cuanto te hayas desecho de todas las máscaras, la vida te sonreirá como nunca antes lo hizo. Y será entonces, y sólo entonces, cuando apreciarás que no existe mayor libertad que ser uno mismo y poder decidir, sin el peso de la conciencia de los demás, como punto de mira en tu vida.

Libro: [Noches de Insomnio - Gabriel A. R.]


El anciano profesor.

-Microcuentos. Gabriel A. R.-
Un anciano profesor, se sentaba agotado cada mañana en la misma piedra. Desde allí observaba el pueblo, el río a lo lejos, las verdes montañas y paisajes inigualables. Una mañana, una voz furiosa interrumpió su descanso, sobresaltándolo.

-¡Apártate que no veo, viejo! -Le gritó un joven, de muy mala manera.
-¿Qué es lo que no ves? -Preguntó extrañado y sin sentirse ofendido.
-Lo que hay detrás de ti. Los mayores siempre molestando... -Rumió muy enojado.
El anciano sonrió condescendiente y se mantuvo afable.
-Detrás de mí no hay, nada más y nada menos, que mi pasado y mi futuro, joven. No creo que sea de tu interés. Si lo que quieres es mirar hacia tu futuro, sólo has de girarte en cualquier otra dirección, cualquiera en la que mi cuerpo añejo y hastiado por el tiempo no sea una molestia para ti.
-¿Qué dice? ¿Está chiflado o qué? ¡Debería saber que no es lo mismo mirar en otra dirección! ¡Ninguna otra muestra lo mismo que deseo ver! -Dijo altanero jactándose de gran conocedor.
El anciano suspiró.
-Haremos una cosa, tú respondes un par de preguntas a este anciano impertinente, y yo me quitaré.
-Vale, vale, pregunte de una vez. -Le metió prisa el joven, airado por acabar con rapidez.
El anciano se tomó su tiempo para la primera pregunta, crispando al muchacho.
-Dime, joven, ¿acaso el futuro se presenta siempre como quieres o pretendes?
El chico se quedó pensativo un momento, con el ceño fruncido.
-No. Nunca.
-¿Alguna vez has caminado por algún sendero que te mostrara toda su belleza desde el inicio hasta el final?
-Sólo si lo ando entero puedo contemplar su belleza. -Dijo impaciente, sin saber a dónde quería ir a parar.
-Por lo tanto, si mirases en otra dirección, cualquiera (exceptuando en la que estoy), ¿podría mostrarte un futuro interesante?
-Supongo; pero, como ha dicho, no es el futuro que busco o pretendo conseguir.
-Y, aún así, te dará conocimiento y verdad, ¿cierto?
-Pero, sigue sin ser lo que yo quiero, anciano. -Bufó contrariado.
-¿Debo entender que te gustaría que todo saliera como deseas, entonces?
-Por supuesto, eso sería lo ideal. ¿Quién no quiere salirse con la suya alguna vez?
El anciano asintió dándole la razón.
-Y, una última pregunta: de todas las situaciones que has vivido, ¿alguna vez te ha llegado alguien más joven, te ha insultado diciéndote que molestas, que interrumpes su futuro, porque no le das lo que exige sin modales ni respeto de ningún tipo?
El muchacho le miró avergonzado.
-No, señor...
El anciano mostró una sonrisa amplia.
-Te diré una cosa, joven. Es posible que yo haya vivido tanto, que ya no me preocupe en qué dirección miro. Sin embargo, sólo por llamarme "señor" en vez de viejo y sólo por haber pasado de airado a calmado, me quitaré de aquí para que puedas ver tu futuro. Con esto, cumplo mi promesa inicial. Es lo justo, ¿verdad?
-Sí, supongo que lo es. -Observó que el hombre intentaba levantarse y no podía. Caminó hacia él para ayudarle.- ¿Por qué lo hace, señor? ¿Por qué cumple su promesa después de haberle tratado tan mal?
-Pues, porque sé de sobra que algún día estarás en mi pellejo, y vendrá un joven hasta ti para que le enseñes la misma lección que yo a ti hoy.
-¿Qué lección? ¿Ser educado y respetuoso con los mayores?
-No. Ser educado y respetuoso no te lo enseñaré yo, debes decidir ser así tú mismo. -Extendió el brazo en la dirección que el joven quería mirar.- ¿Qué ves?
El muchacho se dio cuenta de que, al moverse para ayudarle, podía ver perfectamente el paisaje. Se sintió más avergonzado por su comportamiento, y antes de responder le pidió disculpas.
-Lo lamento mucho, señor.
-¡No te preocupes por eso! Observa la dirección que tantas ganas tenías de tomar como futuro. -Insistió restándole importancia al resto.
El chico volvió a mirar, centrado en el punto que deseaba.
-Veo una montaña con puntos blancos, señor.
-Esa "montaña con puntos blancos", como la llamas, es el cementerio. Ése es el futuro de todos nosotros, joven. Sea pues, te aconsejo que observes en otra dirección, ya que, cualquier otra, te hará mucho bien y te sentirás pleno durante muchos años. Puede que no la eligieras, que no sea de tu total agrado, pero estoy convencido de que será mucho más interesante que la que tanto querías lograr ver. ¿Estoy en lo cierto?
El muchacho, asombrado por la maestría del anciano, le preguntó:
-¿Puedo conocer su nombre?
-Me llamo Destino.


¿Puedo llegar a gustarte realmente?

La pregunta que nos solemos hacer cuando alguien hace o dice algo que nos remueve el interior en el mejor sentido o nos mira de una forma especial. ¿Estamos preparados para ser amados? Nos han acostumbrado (al menos a la gente de mi generación), que es mejor dar que recibir. Y no, no me refiero sólo a los boxeadores.
En mi caso (porque es obvio que siempre voy a hablar desde mi propia experiencia), a mi edad me sigue costando creer que alguien pueda quererme tal y como soy. Con mis inseguridades, mis defectos y falta de cordura cuando amo con el corazón y los ojos abiertos. Existen esas personas especiales que se apoderan de nuestro corazón y de nuestra alma de la forma más hermosa. Esas que, cuando se van, parece que nos falta el aire, un camino que seguir, que nos han robado la vida. Son esas personas las que más miedo me dan, porque sólo tengo un corazón para perder...

No, no soy partidario de ser negativo cuando conozco a alguien, ni pienso en: esta persona me va a decepcionar tarde o temprano. Porque ¡ey! no sé si lo sabes, pero todos decepcionamos a alguien alguna vez. ¡Noticia! Somos seres humanos, con virtudes y defectos, y lo que es bueno para unos, para otros es una ofensa. He descubierto que cuanto más aprecias y permites que una persona llegue al fondo de tu alma, de esa forma tan bonita que es al amar, más probabilidades tienes de acabar destruido. ¿Lo bueno? Que no es para siempre. Como dice ese proverbio tan famoso que todos conocemos ya de sobra "nada es para siempre."
Existen personas que podrán llegar a quererme tal y como soy, con mis temores, con mis defectos y virtudes por igual. Que me conocerán tan bien que no tendré secretos para ellas, eso me otorgará libertad y verdad, ¿que es posible que también me destruyan? Sí, pero habrá valido la pena todo lo anterior a eso. Y es que, así es la vida. Los que son como yo, no damos para recibir; damos porque nos es imposible no amar.

Puede que tenga mucho que perder con esta forma de vivir.
No obstante, me resulta realmente gratificante.

Cuanto más intentemos comprender los resquicios del corazón, menos lo entenderemos.
La vida es así. Es la mayor simpleza del mundo.
¿Puedo llegar a gustarte por ser así? Puede, ¿quién sabe? Al final lo que está escrito será.
No soy perfecto, sólo soy una persona más en el mundo. Me aterran cosas distintas a ti, aunque, al final, todo está conectado. ¿Puedo gustarte? ¿Puedes amarme? No me importa si es como yo a ti o no, lo que importa aquí en realidad es la fortaleza de tu corazón y tu inquebrantable pasión por mí. No lo dudes, yo siempre voy a estar aquí, aunque tardes un siglo en llegar a mí. Mi fuerza es sostenible, me sustento de mi propio corazón y de mi alma. En cuanto llegues a mí, seré afortunado de contar con un punto de apoyo que me respeta y me merece. ¿Mientras? La vida es corta como para llorarnos el uno al otro.
¿Podrás amarme por ser simple? ¿Por ser afable, cariñoso, fiel, dulce e inteligente? ¿Podrás amarme cuando soy compasivo, afectivo, romántico, tierno y confiado? ¿Podrás amarme cuando necesito espacio, cuando necesito la soledad, cuando mi silencio se convierte en un impedimento para continuar? Yo puedo ser todo eso y mucho más, la cuestión es: ¿podrás aceptar el reto de amarme? No es necesario que lo digas ahora mismo, tenemos tiempo. Mientras, tomemos un té sentados en el porche de la vida.

El mejor consejo que puedo darnos ahora mismo es:

Vivamos cada día como si no existiera mañana.

Grandes las palabras, que en la mayoría de los casos permite que podamos expresarnos como deseamos.

Gabriel A. R.  [Clandestino]
@ElArteEsTuyo - Twitter





Historias reales.

Estaba sentado en la recepción de la peluquería donde hago las prácticas, cuando ocurrió lo más bonito que he podido contemplar en mucho tiempo. En cuanto me recuperé de las emociones dije: "esto tiene que conocerlo el mundo." y ahora lo compartiré con todo el que quiera dedicarme unos minutos.

Como ya dije, estaba sentado en la recepción, cuando un hombre muy mayor, de unos ochenta y tantos largos, entró en la peluquería y se me quedó mirando con una sonrisa tímida mientras me preguntaba por su chica.

-Joven, ¿sabe si ha salido ya mi chica?

Yo lo primero que pensé fue: ¿su chica? Será alguna nieta o hija... Miré dentro y no había ninguna joven. Entonces me giré y le dije:

-Venga conmigo, acompáñeme si lo desea, y así usted mismo comprueba si está o no dentro.

El hombre me lo agradeció y le acompañé desde el vestíbulo hasta la sala de la peluquería donde estaban las estilistas con sus clientes. El hombre se paró y la señaló de lejos:

-¡Ahí está! ¡Esa es mi chica! -me dijo muy sonriente y orgulloso.

Yo miré en la dirección que marcaba y vi a una señora igual de mayor, a la que estaban atendiendo. Sorprendido, volví a mirar al hombre y no pude evitar enamorarme de la situación. ¿Cómo no voy a enamorarme de esto? Si son las palabras más bonitas que he oído decir nunca. Además, las compañeras me aclararon que esa pareja siempre pasa por allí y que siempre han sido de la misma manera. Si hubieran visto la cara de aquel hombre, su mirada, su sonrisa... la calma que transmitía al hablar de su compañera. De verdad, de verdad lo digo, no existe nada igual. Y la señora, un cielo, miró de reojo a su marido y sonrió desde el otro lado de la sala. Cuando me acerqué a decirle que su marido la estaba esperando fuera me dijo:

-¡Ay! Lleva toda la vida esperando, si no es por una cosa es por la otra; me quiere y me esperará siempre.

Una vez más, existen momentos y situaciones que avalan mi creencia sobre el Amor. El Amor puede ser para toda la vida, a cualquier edad y sorprenderte siempre cuando menos te lo esperas. Una pareja tan mayor, un señor tan anciano, que llame a su mujer "mi chica" no tiene precio. No lo tiene, y es muy hermoso.
Yo también quiero envejecer así. Pasar mi vida al lado de la mujer que amo y verla siempre, toda la vida, como "mi chica." Yo también la esperaría siempre, yo también la amaría el resto de mi vida.

Nuevo libro. Gabriel A. Rancel

Estaban a solas, sentados en el sofá, y a cada minuto que pasaba, se daba cuenta que él nunca se atrevería a confesarle su amor. Pensó en cómo podía hacerle ver que ella deseaba que lo hiciera.

¿Jugamos a imaginar situaciones? -Se aventuró por fin.

¿Y eso cómo va? -Preguntó.

Tenemos que describir un momento en el tiempo e imaginar qué haríamos si estuviésemos en él.

Él lo pensó con detenimiento y le pareció divertido.

Vale, venga.

Ella se giró para colocarse frente a él y sujetó sus rodillas con los brazos, apoyando el rostro entre ellos. Con voz muy suave y los ojos muy abiertos y brillantes le dijo:

Imagina que es nuestra última noche en el Titanic...

Se miraron a los ojos. Durante un segundo, en el que ambos contuvieron la respiración, él sonrió y supo qué era lo que quería. Incluso antes de que ella abriera la boca para darle más detalles, él la besó. Un beso que duró un segundo, que es lo que tarda en morir una vida, en nacer o renacer. Ella sintió el infinito debajo de su piel, él supo que ella sería la última chica a la que besaría y a la única a la que besar el resto de su vida.

Gabriel A. R.
[Libro: Clandestino.]

El manuscrito encontrado en Accra - Paulo Coelho

"No hay arma más poderosa que las palabras."

En esta entrada voy a escribir unas pequeñas partes del libro de Paulo Coelho, El manuscrito encontrado en Accra, las cuales han sido las que más me han inspirado y hecho pensar mucho últimamente.
Nota personal: En sí, es un libro está muy bien diseñado. Tiene valores muy arraigados y que te hacen plantearte muchas situaciones de la vida del día a día. Y aunque yo no soy religioso, sé apreciar igualmente la fuerza de las palabras de los que sí lo son.


El Amor pasa cerca y dice: "Nunca había notado tu presencia."
Y nuestra alma contesta: "Presta más atención, porque estoy aquí. Fue necesaria la brisa para limpiar el polvo de tus ojos, pero, ahora que me has reconocido, no vuelvas a abandonarme."

Lo bello no reside en la igualdad, sino en la diferencia.

La vida es demasiado corta para esconder en nuestro corazón palabras importantes.
Palabras como "Te amo."
Pero, a cambio, no esperes escuchar siempre la misma frase. Amamos porque necesitamos amar. Sin eso, la vida pierde todo el sentido y el sol deja de brillar.
Una rosa sueña con la compañía de las abejas, pero no aparece ninguna. El sol pregunta: "¿No te cansas de esperar?"
"Sí -contesta la rosa-. Pero si cierro mis pétalos, me marchito."

Olvidemos lo que nos enseñaron: que es noble dar y humillante recibir.
Porque para la mayoría de las personas, la generosidad consiste en sólo dar. Pero recibir es también un acto de amor. Permitir que otro nos haga feliz también lo hará feliz a él.

Únete a los que no temen ser vulnerables. Porque ésos tienen confianza en sí mismos, saben que todo el mundo tropieza en algún momento y no lo interpretan como una señal de cobardía, sino de humanidad.

La más terrible de todas las armas es la palabra, que arruina una vida sin dejar rastro de sangre y cuyas heridas jamás cicatrizan. Seamos, por tanto, señores de nuestra lengua para no ser esclavos de nuestras palabras.

El enemigo no es el que tienes delante con la espada en la mano. Es el que está a tu lado con el puñal en la espalda.
Por tanto, los enemigos no son los adversarios puestos ahí para comprobar tu coraje.
Son los cobardes, puestos ahí para comprobar tu debilidad.

Camino al autoconocimiento.

Había decidido dejar de huir, quería madurar y enfrentar la vida tal y como venía. El problema era que no quería ser el único que lo hiciera, y me explico. Cuando uno desea cambiar su vida por entero, puede ser que sea por un desengaño amoroso, por la pérdida de alguien importante, por haber abierto los ojos de repente por alguna razón o disgusto, etc. Muchas veces, la gran mayoría, es por momentos malos. Es cuando decidimos cambiar, ser distintos, mejorar. Sin embargo, deseamos ver el mismo esfuerzo, las mismas ganas, ese compromiso en otras personas allegadas. No sé si por sentirnos acompañados o por necesitar un pilar que nos sujete si llega un momento en el que fallamos, pero el hecho es que lo deseamos.

Si bien, cuando uno decide cambiar debe ser por uno mismo (un compromiso personal e intransferible), aceptamos que es por decisión nuestra, que es porque nosotros queremos de verdad cambiar. Entonces, ¿por qué pretendemos arrastrar a otros al cambio? ¿A qué viene esa necesidad imperiosa de tener a alguien que también lo haga? Ni idea. Quizás, es cierto eso de que el ser humano es egoísta por naturaleza. Pero, ¿eso significa que debemos resignarnos como si fuera algo que no podemos esquivar? Estoy convencido, bueno, sé, que no es necesario tener a otra persona que haga cambios mientras los hacemos nosotros.

La verdad es que necesitamos a otras personas, que estén ahí; eso no significa que deban cambiar contigo. Pueden apoyarte sin tener que variar su vida. No es vital que lo hagan. Además, piensa que sus cambios han llegado o están por llegar, y que tú no te has enterado. O te has enterado y no quieres darte por aludido porque (A), no estuviste a su lado en el momento adecuado. (B), que no quisiste; o (C) que no te pidió que lo estuvieras. La cuestión aquí, es que ese camino sólo lo puedes hacer tú. Nadie va a hacerlo por ti, es parte de la vida; es el aprendizaje personal.

El autoconocimiento no es más que conocerse a sí mismo. Siempre ha sido muy difícil para todo el mundo. En más de una ocasión he comentado que es un proceso terrible en su mayor parte, porque el tener que aceptarte tal y como eres antes de poder mejorar, es doloroso. Es un proceso en el que debes ser sincero al cien por cien y admitir todo lo que eres o no eres. Ya te digo de entrada que se sobrevive a ello, y que, si lo haces bien, tendrás una recompensa mayor que el sufrimiento pasado. Alterarás todo tu mundo interior, serás vulnerable, tendrás miedo, serás juzgado por ti mismo (es mucho peor juzgarse uno mismo, que, que nos juzguen), tomarás notas, tomarás decisiones, conocerás tu mejor y tu peor cara, descubrirás muchas facetas de ti que ni creías tener, lucharás contra tu propia alma y, finalmente, vencerás.

Sé cómo suena esto, sé que no parece una gran tarea, pero eso es porque aún no la has hecho. Si de verdad quieres ser feliz en esta vida, sin tomarte todo tan a la tremenda, sin sentir que todo te supera, sin saber si podrías hacer más de lo que haces, etc. deberás pasar por este proceso. Sólo así podrás conocerte. Si te conoces, te amarás. Si te amas, podrás amar a otras personas. Ya sólo por estos hechos, merecerá la pena. Piénsalo.

Oda al Amor.

La siguiente carta fue escrita hace un año para un concurso literario. Hoy la trascribo para compartirla con todos ustedes, que sé que les encanta estas cosas. Espero que realmente les guste, aunque para algunas personas será muy ñoña, para otras será hermosa. Mi más sincero agradecimiento por la lealtad que me ofrecen a diario tanto por los blogs, como por las redes sociales. Gracias.
Gabriel A. R.

"Cuentan los sabios que el Amor es efímero. Dura tan poco dentro de los jóvenes que apenas saboreamos un ápice de su fuerza. Nos quedamos con el deseo del momento y no nos planteamos que sea un sentimiento eterno.
No obstante, cuando te miro y nuestras miradas se cruzan, afirmo muy dentro de mí que nunca será posible que esta emoción abandone mi cuerpo. Es un sentimiento que me hace vibrar y me pide que haga locuras en su nombre. Créeme cuando digo que te quiero, porque al hacerlo, no habla solamente mi cuerpo o mi corazón, es mucho más que eso. Se comunica el instinto que nace dentro de mi pecho y se nutre de la fuerza de cada sílaba y anhelo, cada instante, cada momento. Crea una armonía en mí que vive para ser cantada, para ser narrada y para amar profundamente. Por ello, cuando dudes de mis sentimientos, te pido que cierres los ojos y me des tu mano para ponerla en mi pecho. No abras los ojos, te lo pido, sólo quiero que me escuches por dentro, que oigas cómo mi corazón grita a los cuatro vientos; primero en un susurro y más tarde en desasosiego.
No dudes de mis sentimientos, por favor; ni dudes de los actos que me han traído hasta este punto del camino. Ni de los hechos que aún no he llevado a cabo a tu lado, y no por no quererlo, sino por la falta de tiempo. Tiempo que espero vivir algún día a tu lado, que deseo compartir contigo en lo bueno y en lo malo; cuidarte y que me cuides, hablarte y que me hables, escucharte y que me escuches, mirar más allá del hoy y el mañana para ver que somos una sola alma, que no vaga solitaria por la vida, sino todo lo contrario, viaja incandescente, viva y poderosa; recorre cada recoveco de nuestras almas a cada paso con nosotros y supera las distancias más alejadas, llevando así la contraria a los sabios que dicen que nada será eterno. Menos mal que jamás he hecho caso al hecho de que no puedo hacer algo que los demás dicen que es imposible de hacer...
Nada le pediré a la vida si me permite pasarla amándote. Te quiero a mi lado. Dame tu mano y te mostraré que todo lo que digo es cierto; caminaré siempre a tu lado sin anularte. Cuando llores intentaré lograr que tus lágrimas se conviertan en sonrisas; lucharé por hacerte sentir la persona más importante del universo y viviré para hacerte sonreír, para observarte crecer como persona, ver cómo tomas tus propias decisiones, estar ahí para ver como logras superarte y hacerme feliz con ello. Te daré mi mano cuando tropieces, te señalaré el obstáculo y no te vendaré los ojos con mi propio aprendizaje para que no sufras. Si sufres, te brindaré mi apoyo y consuelo sin regodeo o superioridad. No te negaré tus sueños y nunca te fallaré, ni tampoco a mi palabra, ni a mi respeto hacia ti.
Debes saber que te necesito a mi lado, no con locura o con miedo a la soledad, más bien porque sé que eres la persona de mis sueños, transparente y sincera, que tanto he esperado en silencio. Puede ser que esto no sea una gran razón para que estés a mi lado; por lo que si decides estarlo, será porque tú también me has estado esperando. Sé perfectamente que es posible que tengas miedo; yo también lo tengo. Pero, al sujetar tu mano y acariciar tus dedos entrelazados con los míos, sé que todo nos irá bien. Estamos hechos el uno para el otro, ese hecho es verdadero.
Dicen los sabios que el Amor es ciego. Estoy totalmente de acuerdo con eso. Si bien el Amor lo es, los sentimientos también son invisibles y están ahí; son reales. Mueven el mundo, se sirven de niños, jóvenes, adultos y ancianos, se abastecen de la pureza del alma y luchan por mantenerse vivos. Claro que el Amor es ciego, ¿acaso importa el físico cuando el alma es tan poderosa? No necesito ojos para verte. Arráncamelos y te seguiré viendo a través del alma; porque lo que en realidad importa es ser uno mismo y amar abiertamente a otra persona. Y, si se trata de nosotros, tú y yo juntos, la fortaleza se hace inquebrantable, más allá de los cuerpos, más allá de los muros.
Pon tu mano sobre mi pecho, escúchame por dentro..."

Autor: Gabriel A. R.