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Cartas sobre la mesa

Me preguntaste qué tal me iba la vida. Suspiré y sonreí antes de hablarte.

"Me va como me iba cuando te marchaste.
Me va bien y mal, como siempre." 

He sido feliz y he estado triste, he sido inteligente, en otros no estuve a la altura de las circunstancias. He sido rápido y lento (según se requería la situación). Reí por tonterías, por amor y por alegría. Lloré por las desgracias; tanto mías, como las de los que me rodeaban. Lloré de emoción y por empatía.
He aprendido a valorar situaciones, en las que antes ni paraba a pensar o mirar; he aprendido a escuchar y he comprendido que debo ser escuchado. He descubierto el querer, y el que me quieran sin esperar nada a cambio. Me negué a hundirme cuando otros intentaban que me ahogara, me negué a rogar de rodillas pudiendo luchar de pie, aunque no tenía armas. Grité cuando sentía rabia (sí, lo sé; no te imaginas viéndome gritar), grité de júbilo, grité de dolor, rabia e impotencia.
Lloré mucho también, pero no todas mis lágrimas fueron dolorosas, ni amargas. Sufrí el egoísmo de otras personas, su ira, su impotencia, su mal humor, su desagrado y sus malas interpretaciones, rebuscadas o sin ser esperadas. Gocé de las experiencias que me enseñaron todas estas personas, y aprendí a elegir lo que yo no quiero hacerles a los demás. He fruncido mucho el ceño, he sonreído, hice pucheros, mentí, dije la verdad, e hice mil preguntas (algunas con respuestas y otras sin ellas).
Abrí caminos con miedo y valentía al mismo tiempo; he creado senderos al caminar por donde aún ni existían; aprendí que hay situaciones en esta vida donde es más importante el hecho de continuar, que el de ganar premios o felicitaciones. Además, tuve el aprendizaje de:

"A veces, es necesario crear nuevas sendas bajo nuestros pies,
y no esperar a que otros las abran para/por nosotros."

Descubrí que es necesario pelear por todo aquello que merece la pena. También que es inevitable sufrir por las personas y seres que nos rodean, así como, equivocarnos de elección. Somos humanos y cometemos errores, todo depende de las repercusiones que nos impartan los demás, como consecuencia de nuestros actos.
Tuve buenas compañías, otras no tanto; luché por continuar mi camino, pese a los baches y los muros. Me he convertido en lo que deseaba ser. Acepté mis limitaciones y gracias a ello las superé; dado que el miedo era el que me frenaba. Me negué a que los demás me dijeran que no podía hacerlo, sólo porque ellos no lo podían hacer. Conseguí superar mis propias metas y temores, me convertí en un poderoso pensador y me trasladé a un mundo en los que muy pocos podrían tocarme.
Crecí, me volví fuerte (aunque para eso tuve que ser débil). Me equivoqué, rectifiqué cuando pude, gocé, sufrí mucho y poco, recordé viejas andanzas, promesas y sueños; olvidé a quienes me olvidaron, aunque volví a recordarles al poco tiempo; renací de mis propias cenizas cuando hizo falta y comencé de cero otras tantas.
He sentido miles de emociones distintas, he descubierto talentos ocultos, me he valorado y me he infravalorado en varias ocasiones; recé a dioses distintos buscando una salida, y viví según las normas de la sociedad, aunque también me salté algunas que no me hacían feliz. Decidí que necesitaba creer en algo más que en seres místicos y sostenerme con algo más que los halagos de los que me rodeaban, porque al final todo eso se vuelve humo y me caeré al vacío. Con lo cual, me he aferrado a mi propia fortaleza, esa que no me fallará mientras crea en ella.
Me he lanzado mil veces al vacío con los ojos abiertos, esperando poder volar, hasta que descubrí que sólo aquellos que realmente creen tener alas pueden tenerlas y volar. Con el tiempo aprendí a mantenerme de pie, a caerme y a volver a levantarme con más ganas. Han sido tiempos fáciles, difíciles, maravillosos, dolorosos, de aprendizajes, de diversión, de auto-conocimiento, de ver partir a quienes quería y de perder y recuperar mi dignidad.

"No debes preocuparte por mí." Te dije con mi mejor sonrisa.
"Al fin de al cabo, se trata simplemente de la vida; de vivir.
Debemos pasar por ello, nos guste o no. Aceptarnos,
respetarnos y vivir con la conciencia tranquila."

Gabriel A. R.