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Camino al autoconocimiento.

Había decidido dejar de huir, quería madurar y enfrentar la vida tal y como venía. El problema era que no quería ser el único que lo hiciera, y me explico. Cuando uno desea cambiar su vida por entero, puede ser que sea por un desengaño amoroso, por la pérdida de alguien importante, por haber abierto los ojos de repente por alguna razón o disgusto, etc. Muchas veces, la gran mayoría, es por momentos malos. Es cuando decidimos cambiar, ser distintos, mejorar. Sin embargo, deseamos ver el mismo esfuerzo, las mismas ganas, ese compromiso en otras personas allegadas. No sé si por sentirnos acompañados o por necesitar un pilar que nos sujete si llega un momento en el que fallamos, pero el hecho es que lo deseamos.

Si bien, cuando uno decide cambiar debe ser por uno mismo (un compromiso personal e intransferible), aceptamos que es por decisión nuestra, que es porque nosotros queremos de verdad cambiar. Entonces, ¿por qué pretendemos arrastrar a otros al cambio? ¿A qué viene esa necesidad imperiosa de tener a alguien que también lo haga? Ni idea. Quizás, es cierto eso de que el ser humano es egoísta por naturaleza. Pero, ¿eso significa que debemos resignarnos como si fuera algo que no podemos esquivar? Estoy convencido, bueno, sé, que no es necesario tener a otra persona que haga cambios mientras los hacemos nosotros.

La verdad es que necesitamos a otras personas, que estén ahí; eso no significa que deban cambiar contigo. Pueden apoyarte sin tener que variar su vida. No es vital que lo hagan. Además, piensa que sus cambios han llegado o están por llegar, y que tú no te has enterado. O te has enterado y no quieres darte por aludido porque (A), no estuviste a su lado en el momento adecuado. (B), que no quisiste; o (C) que no te pidió que lo estuvieras. La cuestión aquí, es que ese camino sólo lo puedes hacer tú. Nadie va a hacerlo por ti, es parte de la vida; es el aprendizaje personal.

El autoconocimiento no es más que conocerse a sí mismo. Siempre ha sido muy difícil para todo el mundo. En más de una ocasión he comentado que es un proceso terrible en su mayor parte, porque el tener que aceptarte tal y como eres antes de poder mejorar, es doloroso. Es un proceso en el que debes ser sincero al cien por cien y admitir todo lo que eres o no eres. Ya te digo de entrada que se sobrevive a ello, y que, si lo haces bien, tendrás una recompensa mayor que el sufrimiento pasado. Alterarás todo tu mundo interior, serás vulnerable, tendrás miedo, serás juzgado por ti mismo (es mucho peor juzgarse uno mismo, que, que nos juzguen), tomarás notas, tomarás decisiones, conocerás tu mejor y tu peor cara, descubrirás muchas facetas de ti que ni creías tener, lucharás contra tu propia alma y, finalmente, vencerás.

Sé cómo suena esto, sé que no parece una gran tarea, pero eso es porque aún no la has hecho. Si de verdad quieres ser feliz en esta vida, sin tomarte todo tan a la tremenda, sin sentir que todo te supera, sin saber si podrías hacer más de lo que haces, etc. deberás pasar por este proceso. Sólo así podrás conocerte. Si te conoces, te amarás. Si te amas, podrás amar a otras personas. Ya sólo por estos hechos, merecerá la pena. Piénsalo.

Oda al Amor.

La siguiente carta fue escrita hace un año para un concurso literario. Hoy la trascribo para compartirla con todos ustedes, que sé que les encanta estas cosas. Espero que realmente les guste, aunque para algunas personas será muy ñoña, para otras será hermosa. Mi más sincero agradecimiento por la lealtad que me ofrecen a diario tanto por los blogs, como por las redes sociales. Gracias.
Gabriel A. R.

"Cuentan los sabios que el Amor es efímero. Dura tan poco dentro de los jóvenes que apenas saboreamos un ápice de su fuerza. Nos quedamos con el deseo del momento y no nos planteamos que sea un sentimiento eterno.
No obstante, cuando te miro y nuestras miradas se cruzan, afirmo muy dentro de mí que nunca será posible que esta emoción abandone mi cuerpo. Es un sentimiento que me hace vibrar y me pide que haga locuras en su nombre. Créeme cuando digo que te quiero, porque al hacerlo, no habla solamente mi cuerpo o mi corazón, es mucho más que eso. Se comunica el instinto que nace dentro de mi pecho y se nutre de la fuerza de cada sílaba y anhelo, cada instante, cada momento. Crea una armonía en mí que vive para ser cantada, para ser narrada y para amar profundamente. Por ello, cuando dudes de mis sentimientos, te pido que cierres los ojos y me des tu mano para ponerla en mi pecho. No abras los ojos, te lo pido, sólo quiero que me escuches por dentro, que oigas cómo mi corazón grita a los cuatro vientos; primero en un susurro y más tarde en desasosiego.
No dudes de mis sentimientos, por favor; ni dudes de los actos que me han traído hasta este punto del camino. Ni de los hechos que aún no he llevado a cabo a tu lado, y no por no quererlo, sino por la falta de tiempo. Tiempo que espero vivir algún día a tu lado, que deseo compartir contigo en lo bueno y en lo malo; cuidarte y que me cuides, hablarte y que me hables, escucharte y que me escuches, mirar más allá del hoy y el mañana para ver que somos una sola alma, que no vaga solitaria por la vida, sino todo lo contrario, viaja incandescente, viva y poderosa; recorre cada recoveco de nuestras almas a cada paso con nosotros y supera las distancias más alejadas, llevando así la contraria a los sabios que dicen que nada será eterno. Menos mal que jamás he hecho caso al hecho de que no puedo hacer algo que los demás dicen que es imposible de hacer...
Nada le pediré a la vida si me permite pasarla amándote. Te quiero a mi lado. Dame tu mano y te mostraré que todo lo que digo es cierto; caminaré siempre a tu lado sin anularte. Cuando llores intentaré lograr que tus lágrimas se conviertan en sonrisas; lucharé por hacerte sentir la persona más importante del universo y viviré para hacerte sonreír, para observarte crecer como persona, ver cómo tomas tus propias decisiones, estar ahí para ver como logras superarte y hacerme feliz con ello. Te daré mi mano cuando tropieces, te señalaré el obstáculo y no te vendaré los ojos con mi propio aprendizaje para que no sufras. Si sufres, te brindaré mi apoyo y consuelo sin regodeo o superioridad. No te negaré tus sueños y nunca te fallaré, ni tampoco a mi palabra, ni a mi respeto hacia ti.
Debes saber que te necesito a mi lado, no con locura o con miedo a la soledad, más bien porque sé que eres la persona de mis sueños, transparente y sincera, que tanto he esperado en silencio. Puede ser que esto no sea una gran razón para que estés a mi lado; por lo que si decides estarlo, será porque tú también me has estado esperando. Sé perfectamente que es posible que tengas miedo; yo también lo tengo. Pero, al sujetar tu mano y acariciar tus dedos entrelazados con los míos, sé que todo nos irá bien. Estamos hechos el uno para el otro, ese hecho es verdadero.
Dicen los sabios que el Amor es ciego. Estoy totalmente de acuerdo con eso. Si bien el Amor lo es, los sentimientos también son invisibles y están ahí; son reales. Mueven el mundo, se sirven de niños, jóvenes, adultos y ancianos, se abastecen de la pureza del alma y luchan por mantenerse vivos. Claro que el Amor es ciego, ¿acaso importa el físico cuando el alma es tan poderosa? No necesito ojos para verte. Arráncamelos y te seguiré viendo a través del alma; porque lo que en realidad importa es ser uno mismo y amar abiertamente a otra persona. Y, si se trata de nosotros, tú y yo juntos, la fortaleza se hace inquebrantable, más allá de los cuerpos, más allá de los muros.
Pon tu mano sobre mi pecho, escúchame por dentro..."

Autor: Gabriel A. R.