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El manuscrito encontrado en Accra - Paulo Coelho

"No hay arma más poderosa que las palabras."

En esta entrada voy a escribir unas pequeñas partes del libro de Paulo Coelho, El manuscrito encontrado en Accra, las cuales han sido las que más me han inspirado y hecho pensar mucho últimamente.
Nota personal: En sí, es un libro está muy bien diseñado. Tiene valores muy arraigados y que te hacen plantearte muchas situaciones de la vida del día a día. Y aunque yo no soy religioso, sé apreciar igualmente la fuerza de las palabras de los que sí lo son.


El Amor pasa cerca y dice: "Nunca había notado tu presencia."
Y nuestra alma contesta: "Presta más atención, porque estoy aquí. Fue necesaria la brisa para limpiar el polvo de tus ojos, pero, ahora que me has reconocido, no vuelvas a abandonarme."

Lo bello no reside en la igualdad, sino en la diferencia.

La vida es demasiado corta para esconder en nuestro corazón palabras importantes.
Palabras como "Te amo."
Pero, a cambio, no esperes escuchar siempre la misma frase. Amamos porque necesitamos amar. Sin eso, la vida pierde todo el sentido y el sol deja de brillar.
Una rosa sueña con la compañía de las abejas, pero no aparece ninguna. El sol pregunta: "¿No te cansas de esperar?"
"Sí -contesta la rosa-. Pero si cierro mis pétalos, me marchito."

Olvidemos lo que nos enseñaron: que es noble dar y humillante recibir.
Porque para la mayoría de las personas, la generosidad consiste en sólo dar. Pero recibir es también un acto de amor. Permitir que otro nos haga feliz también lo hará feliz a él.

Únete a los que no temen ser vulnerables. Porque ésos tienen confianza en sí mismos, saben que todo el mundo tropieza en algún momento y no lo interpretan como una señal de cobardía, sino de humanidad.

La más terrible de todas las armas es la palabra, que arruina una vida sin dejar rastro de sangre y cuyas heridas jamás cicatrizan. Seamos, por tanto, señores de nuestra lengua para no ser esclavos de nuestras palabras.

El enemigo no es el que tienes delante con la espada en la mano. Es el que está a tu lado con el puñal en la espalda.
Por tanto, los enemigos no son los adversarios puestos ahí para comprobar tu coraje.
Son los cobardes, puestos ahí para comprobar tu debilidad.