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Cartas rescatadas del baúl de los recuerdos.

Queridísima amiga,
Sé que no te va a resultar fácil comprenderme; sobre todo, cuando me dedico a hablar de amor sincero en mis novelas y a mis seguidores. Quiero que entiendas que para mí es diferente. Yo conocí al amor de mi vida, y sé que si me mantengo ocupado bailando muy rápido, no tendré tiempo para recordar que he perdido el corazón en sus ojos, ni tendré presente el dolor que causan estos sentimientos tan fuertes, ¿comprendes?
Te ruego que no me juzgues por decidir ser libre y no pensar en el romanticismo personal. No voy a negar que eres única e insustituible, puesto que todos lo somos; ni puedo decirte que te amo con toda el alma o que moriría por ti, porque me resulta imposible decirlo sin que sea de corazón. Me hago cargo de la acusación de negarme a amar y de haber cerrado la puerta y no dejar entrar a nadie. Ante esto, como única defensa posible puedo alegar que siento que no lo necesito. Tengo el respeto y el afecto de las amistades de las que me rodeo y, por ahora, me basta con eso.
Verás, no se trata de excusas o de malas decisiones. Ese amor que mencioné, me llenó tanto, que nadie logra alcanzar la magnitud de esos sentimientos; al menos, hasta ahora no se ha dado el caso. Lamento ser así de sincero y directo contigo, pero comprende que hacerte perder el tiempo, tanto a ti como a cualquier otra persona, no es algo que me atraiga o que busque. Es más, siempre lo dejo claro, y tú lo sabes. Se trata de respeto y, ante todo, de aceptación. Sabes de sobra que no se puede obligar a nadie a amar, que en el corazón no se manda, y menos sin pararse a pensar el porqué soy como soy en la actualidad.
Claro que puedes (y debes) creer en el Amor; y que puedes confiar en la fidelidad del alma cuando se enamora. Lo que no puedes pretender es infiltrarte en cada fibra de mi piel y creer que con ello borrarás recuerdos, amores, promesas, que ni siquiera deseo borrar de mi vida. Y es importante que comprendas que no te pertenezco. De hecho, quiero dejar claro que no soy una posesión, ni un juguete. No puedes mandar sobre lo que siento dando gritos y patadas, enfadada por no lograr lo que quieres de mí. Se trata de mí y de mi corazón. Sólo yo, sólo mío.
He de añadir que no me gusta compartir algo que ya ha sido entregado y sellado bajo un amor auténtico. Mi baile me pertenece. Me favorece, sí; suele atraer a las mujeres, gusta mi misterio y la dificultad de conquistarme, pero no es culpa mía. Mi soltería carece de importancia e interés al ser por un fin tan desalentador como lo es el no olvidar que mi amor se perdió en el tiempo. Tiempo que pudo ser mío y lo dejé escapar. Tiempos de amor sincero, aún eternos en mi corazón. Amor que dejé ir a sabiendas de que si era para caminar junto a mí, regresaría. Es mi pensamiento, es mi esperanza. Aún espero que si realmente ese amor especial está para mí, acabe regresando de una forma u otra. Hablo de él  en pasado, sí, porque ahí quedaron todos mis sentimientos junto a ella, mi persona favorita en el mundo.
No quiero que te equivoques, comprendo que te duele, que me quieres, que quieres entregar tu corazón hoy y que para ti soy importante, para mí también lo eres, una cosa no quita la otra; pero eso no significa que esté enamorado de ti, ni que pueda amarte como deseas ser amada. Yo sé amar, pero amo a mi manera. Compréndelo, mi corazón está como un árbol sin hojas; tengo muchas secuelas de ese amor que extrajo de mí todo lo que poseía en mi interior. Ese amor que con sólo una mirada y una sonrisa podría hacer caer todos los muros que me protegen. Pese a mis esperanzas con ese antiguo amor, comprendo que su regreso es difícil, si es que queda alguna posibilidad. 
Sí que detuvo mi tiempo y me dejó sin aliento. Incluso, desbordó mi vida y la volvió del revés. Asimismo estoy aprendiendo a sanarme y a mejorar mi vida. Más que nada, antes de empezar una nueva relación, si llega a darse el caso. Con esto no te estoy pidiendo paciencia conmigo, porque no me voy a comprometer para nada a un futuro incierto, ni cercano ni lejano. Vivo en mi presente, hoy, y así me quedaré por mucho tiempo, pese a quien le pese. Mi deber actual es ser una persona corriente, sobrellevar mi vida como pueda y sobrevivir en este baile imparable para continuar respirando y sanando mi corazón. No hay más motivación que esa en la actualidad.
Lo lamento, sé que no es lo que deseas oír de mí, pero es lo que soy, y no puedes hacer nada para cambiar eso. Mi libertad es lo que me convierte en alguien. Mis sentimientos son los que me hacen caminar. Siempre fui así, desde niño. No me mires así, ya sé lo que parece. Es una locura decir que tengo a dieta a mis sentimientos porque uno no escoge cuándo, dónde ni de quién se enamora. Simplemente he desconectado y continuo hacia delante aprendiendo cada día algo nuevo, siendo un hombre mejor, empleando mis esfuerzos en conquistar cada plan para alcanzar mis metas. Lo que no me deja mucho espacio para amar, que es lo que realmente busco. Me gusta conocer gente y mantener amistades; amistades, no parejas.
Sí, lo sé bien, doy a entender que temo enamorarme. Tengo miedo al amor. Por supuesto, no lo niego; ni me atrevería a ocultarlo. Lo temo, no por sus abrasadoras llamas cuando falta, ni por el dolor que causa. Temo haber perdido el amor que tuve y no me atrevo a afrontar que no existe ese amor para toda la vida. Eso sí me aterra. Esta es otra razón más para que deseches cualquier esperanza que hayas albergado pensando que yo podría ofrecerte algo más allá de una buena amistad. Y, teniendo en cuenta lo que me dijiste, no creo ser lo que me dijiste que soy, ya que no es lo mismo ser afable, que intentar enamorarte para tomarte el pelo. Quiero que te quede claro que mis principios no me permiten ser de esa forma, ni comportarme así como crees que lo hago. Mis únicos delitos son, seguir enamorado de mi primer amor, de mi constante, comportarme de forma educada y respetuosa, y ser afable con todo el mundo. En ningún momento te mentí, en ningún momento me he reído de ti.
Con esto, lo que pretendo decirte es que hay personas que, como yo, sólo dan su corazón una única vez por entero, sólo una y de verdad. El resto de amores, de pasiones, de lo que quiera que sea, es una búsqueda por encontrar la serenidad, la estabilidad o un ligero acercamiento al primero, pero no buscamos el amor en su ciento por ciento. Sabemos bien que no daremos el cien por cien de nosotros nunca más, por muy buena que sea la persona hallada, por perfecta que sea la relación. Y quiero que te quede claro que no es por terquedad ni por hacerte daño a propósito, es porque resulta imposible hacerlo. Amamos en su día, fuimos amados o no, pero en la vida ocurren situaciones incontrolables que nos hacen perder esa felicidad absoluta, y no es culpa de nadie, ni tuya, ni mía. Es lo que es. Es Amor y es incontrolable.
Perdona por el daño que pueden ocasionarte mis palabras, jamás fue mi intención. Eres una gran persona y una gran amiga. Deseo de todo corazón que encuentres tu felicidad, aquello que buscas, y que logres todo lo que te propongas en la vida. Es todo cuanto puedo desearles a quienes quiero y valoro.
Con mi más sincero cariño, 

Gabriel A. R.
Año: 2007
Desde entonces ha llovido mucho. He cambiado y mejorado con respecto a todo eso. Sin duda, volver a leer algo así creado por mí desde hace tanto tiempo, ha sido enriquecedor. Me he dado cuenta de los cambios y de lo que aún mantengo como parte de mí. Es curioso ver como la vida te va dando lecciones, y aunque uno cree no cambiar, se es muy diferente. Los cambios son buenos, puedes cambiar de opinión sin dejar de lado tus principios.

Tipos de Amor.

Existe una multitud de formas de amar. Yo hoy voy a nombrar de cinco de ellas y a hablar de tres, que son los casos más conocidos y los más experimentados por todos nosotros. Yo los denomino: Amor Correspondido, Amor No Correspondido, Amor Cabezota, Amor Momentáneo o con Fin Concreto y Amor Huidizo.
Los dos primeros son fácilmente reconocibles: o te corresponden a tu amor o no lo hacen, con sus más y sus menos. Sin embargo, los otros son casos que, pese a la familiaridad y la cantidad de veces que se dan, siguen siendo difíciles de solventar porque son los típicos casos en los que la puerta no se cierra, lo que impide a los enamorados pasar página y continuar con sus vidas.

Por ejemplo, el Amor Cabezota.
El Amor Cabezota es muy difícil de solventar. Es cuando una de las dos partes implicadas (o las dos) se empeñan en decirse el uno al otro que no sienten nada, cuando es obvio que sí. Es una versión desmejorada del Amor Correspondido, en la que les encanta sufrir a ambos intentando repelerse el uno al otro constantemente. Se enfadan el uno con el otro si muestran interés por otras personas, pero no se llegan a unir entre ellos. Al menos, no hasta llegar a un nivel de madurez casi rozando el final de su extraña relación, que es cuando llegan al punto de aceptar que nunca serán pareja. Es algo así como el perro del hortelano. Ni comen ni dejan comer. Se desean, se aman con fuerza, pero por alguna razón (que sólo ellos de forma individual conocen) se mantienen alejados. Es un tira y afloja que no lleva a ninguna parte. Salvo, en ocasiones, a odiarse tanto que se obliguen a sí mismos a amar a otras personas, aunque la atracción con susodichas no sea ni la mitad de fuertes que la que ya tenían.

Luego, tenemos el Amor Momentáneo, o también llamado, Amor por Interés.
No, no hablo de intereses materiales, porque eso no es amor. El Amor Momentáneo es ese amor que conoces un día, por casualidad; y que, a partir de ese momento, deseas poseer. Se cuela en tus sueños, en tu mente, la imaginas desnuda, la imaginas contigo en cualquier parte de la casa, haciéndolo de mil formas diferentes. Es el típico “¡la leche, cómo está de bueno/a!” o “tiene algo que me vuelve loco/a, pero no sé el qué es, aún así me lo/a comería entero/a”. Son esos amores en los que te pasas semanas, meses (o incluso años) -vamos, lo que yo denomino un "calentón a largo plazo"- sin saber cómo sería tu vida de haber probado su cuerpo, rozado su piel, sus besos, sus caricias, etc. y que, llegado un punto de irreflexión -porque el karma os lo ha puesto literalmente a huevo-, te acuestas con esa persona experimentando (algunas veces) una exquisita experiencia indescriptible. Digo algunas veces porque hay ocasiones en las que uno se lleva ciertas decepciones...
Es el amor por interés: una vez lo pruebas, ya se te pasa el mono y dejas de desearlo. Como que ya has logrado culminar un reto sexual, esa fantasía que siempre te volvió loco y que, en los peores momentos de relación, pensaste: de saber lo que sé, me habría acostado con ella cuando tuve la ocasión. Lo “bueno” de este amor es que, si el sexo es satisfactorio, posiblemente vuelvan a coincidir. Una canita al aire nunca viene mal, ¿a qué no? Y si es sin compromiso, ¡mejor!

Y, por último, pero no menos real e importante, está el denominado Amor Huidizo. Esta, sin duda, es la versión mejorada del Amor No Correspondido. Es un amor que, aunque siente que es correspondido, huye en dirección contraria como el fuego. Puede que las causas sean por miedo a sufrir, miedo al compromiso, miedo a enamorarse hasta perder su identidad, miedo a los cambios, etc. Es ese amor que cuando lo encuentras, sabes que es el definitivo, el que deseas mantener vivo toda tu vida, pero justamente, una de las dos partes, decide dejarse aconsejar por el miedo, las dudas y sus recuerdos o vivencias anteriores, y sale corriendo como alma que persigue el diablo. Esto no es todo, no. El Amor Huidizo regresa, así sin más, de repente y sin avisar, dándote esperanzas de que es posible ser feliz, pero que, a la mínima, por alguna tontería como una palabra comprometedora, acto, gesto o actitud que no le guste o no cuadre dentro de su mundo, saldrá corriendo de nuevo. Este quizás, es el amor más cruel de todos, porque el que mantiene la esperanza, generalmente, espera a que las cosas cambien sin caer en la cuenta de que jamás cambiarán, porque esa persona es así, huir es su forma fácil de alejarse del peligro que conlleva enamorarse, y mientras exista esa vía de escape, jamás se unirá a ti. Y cuando por fin comprendes este hecho, ¡cuidado! Porque justamente en ese momento regresará a ti esa persona, desmoronando tus muros y tus avances hacia la curación de ese amor destructivo.

Bien, seguro que hay miles de amores más de los que hablar, sin embargo, continuaremos con ello en otra ocasión. Espero que les haya gustado y que haya sido instructivo de algún modo. Una pregunta, ¿ya has pensado por cuáles has tenido que pasar tú? Y... ¿por cuál pasas ahora? Buenas noches y felices pensamientos...

Gabriel A. R.


¿Cómo es tu personalidad?

¿Cómo es tu personalidad?
Conociéndome la respuesta será "corta", así que mejor pídete algo de comer para la lectura.
Soy un hombre bastante cabezota, tenaz y constante cuando me propongo algo; pero sé recapacitar cuando me equivoco y pedir perdón. No soy orgulloso. Sufro una elocuencia irónica casi imparable. Soy responsable, divertido, tolerante, sociable y bastante cabroncete si me lo propongo (esto último es con referencia a mis amigos, ellos saben por qué).
Me considero un caballero, en cuanto a mujeres se refiere, muy de la vieja escuela y monógamo. Me encanta enamorar a mi pareja día a día. Lo que me recuerda también, que dependiendo de qué y con quién, soy muy impulsivo. Y, aunque en muchos ámbitos no lo parezco, soy muy tímido, tierno y reservado. Leal, respetuoso, confiado y totalmente fiel a mi pareja y a mis amigos.
Trato a los demás como quiero que me traten. Doy la cara siempre, no soy cobarde; me hago responsable de mis actos, es mi educación. Si he de decir lo que pienso, lo haré sin dudarlo. Si he de defender mis ideales, créeme que lo haré con todas las armas que me sean posibles. Me considero un hombre justo, sincero y reflexivo.
Como ya he dicho en muchas ocasiones, me alimento de los sentimientos. Me quedo con lo bueno, sigo practicando ver el vaso lleno, y me considero un aprendiz de la vida constante. Tengo momentos de dudas que nacen de un sentimiento de querer tener todo asegurado, por lo que también soy previsor, aunque sólo con respecto al corazón. De resto, soy muy aventurero y prácticamente nunca planeo lo que voy a hacer; vivo al día, podría decir que casi al momento.
Me gusta improvisar, inventar, soy muy imaginativo, soñador, espontáneo y algo payasete también. Soy muy paciente y relajado cuando se trata de esperar, pero soy un nervio para todo lo demás; no paro quieto en un mismo sitio. Viajo porque no aguanto en un mismo sitio demasiado tiempo. Y aunque me gusta estar rodeado de gente, también soy muy independiente. Tengo momentos en los que necesito mi propio espacio, y no tengo problemas con la soledad, me llevo bien con ella, necesito respirar, sino me agobio con facilidad.
Poseo bastante mal carácter. No suele salir nunca, salvo que me sienta agredido en mi integridad. Para mí el respeto, el honor y la verdad, son pilares que no se deben romper. Suelo perdonar con facilidad. El mayor enojo que he tenido en mi vida me ha durado dos días. Me suelo poner en el lugar de los demás antes de tomar decisiones que los implique. No hago juicios de valor a primera vista, me guío por los actos y no por las palabras.
Y no sé, ¿a qué te alegras de haber preguntado? Podemos asegurar ambos que soy un tostón hablando y escribiendo jajajaja es lo que tiene preguntar a un escritor que sufre verborrea.

Gabriel A. R.