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Por los amigos que jamás se irán.

Hoy desgraciadamente soy portador de una terrible noticia que me desgarra el alma. Hoy se ha marchado de nuestro lado un gran ser humano, Emilio Soutelo G.; también conocido como Lucho. Un gallego íntegro y extraordinario, capaz de amar de forma incondicional. Espero de corazón que su familia acepte que hoy exprese e inmortalice su recuerdo, como último acto humilde de este servidor.

Para mí, Lucho era un amigo, aunque a mi pesar no le conocí tan bien como querría poder decir. Dicen por ahí que nunca se llega a conocer a alguien, aunque eso no importa. Lo que importa es lo que sentimos por las personas, tanto como si han pasado un día o una vida entera a nuestro lado.
Yo conocía su lucha, su historia. Lo que ofrecía día a día a su familia, a sus amigos, incluso, hasta a los que apenas conocía; y eso da mucho que decir sobre una persona humilde. Tenía una gran facilidad para hacerse querer, para amar y para lograr sacar sonrisas. Siempre tenía algo interesante o divertido que contar. Era un hombre que amó a una sola mujer toda su vida y no paró hasta conseguir estar a su lado de forma incondicional. Un ejemplo. Un hombre sin miedo a la vida, sin ambiciones mayores que ser feliz con lo poco que tenía y al lado de quien amaba. Un señor y un caballero de los pies a la cabeza. Honorable, noble, divertido y con un corazón que no le cabía dentro de lo grande que era.

Muchos le conocían mejor que yo, sin ninguna duda. Amigos y familiares que disfrutaron de su compañía durante mucho más tiempo. Pero él hizo algo muy grande por mí sin ni siquiera saberlo, y por ello me he tomado la libertad de inmortalizarlo.
Casi sin conocerme, sentados en la sala de espera de un hospital, me contó su historia por primera vez. Aún recuerdo el brillo de su mirada, la sonrisa radiante y el nerviosismo que acompaña a estar en el cielo sobre la tierra. Yo conocía su historia, pero ser testigo de su versión, el cómo la vivió, qué sintió, qué hizo y demás, fue un regalo muy grande que me hizo aquel día.
Él logró que volviera a creer en que existe esa clase de amor; ésa que es imperecedera. Me hizo ver que no es una locura amar con tanta fuerza. Él tuvo la suerte de conocer al amor de su vida, de vivir una historia de amor que merece ser narrada en una novela, que sin duda se convertiría en un best seller. Ya les digo, que de lo conmovedora que es, haría pensar y sentir hasta al más escéptico.

Emilio se convirtió en un ejemplo para muchos y también para mí. Uno de fortaleza, integridad, valor, paciencia y muchas otras virtudes que el dolor no me deja expresar ahora mismo. Sólo puedo añadir, desde lo más profundo de mi desgarro y sin palabras rebuscadas, que se ha ido del mundo una buenísima y gran persona.
Sin embargo, pese al dolor de la pérdida, siempre he confiado en que aquellos que queremos, y que nos han querido, jamás se irán de nuestro lado. Por lo tanto, esto es para ti, Lucho:

Fuiste un padre para mis mejores amigos, así como un magnífico esposo para tu mujer. Fuiste consecuente con tu corazón por encima de lo demás. Nunca antepusiste la razón al corazón y eso te convirtió en una persona imposible de olvidar. Muchos te lloramos hoy; lloramos por la pérdida de un hombre irreemplazable, un amigo incuestionable y un ejemplo a seguir. Lloramos por lo injusto que ha sido el Destino y por lo justo que has sido tú, a pesar de todo lo que te ha tocado vivir. Lloramos porque te queremos, porque te querremos siempre y te llevaremos en nuestros corazones hasta el final.
Tú, amigo mío, que sin querer nos estregaste pasión y verdad. A sabiendas, nos diste amor. Inconscientemente, nos diste valor y coraje, nos enseñaste que existe aún ese tipo de persona especial capaz de cambiar la vida de los demás para bien. Ángeles auténticos sobre la misma tierra. Tú; sí tú, amigo. Tú eras un milagro viviente, una bendición, ese algo bueno que todo el mundo debería tener. Y puede que hoy tu cuerpo nos haya abandonado, pero tu recuerdo perdurará en nosotros, porque de la gente buena debemos empaparnos todos y aprender al máximo.
No sé si llegará a ti esto, pero debes saber que has unido a muchas personas en vida. Poseo una gran amistad con tus hijos y con tu esposa, en gran parte gracias a ti, que me inculcaste tu historia, que me hiciste pensar y confiar en mí mismo. Y has sido determinante en mi vida también como en la de ellos. Tú, que sé que ahora mismo estarás sonriendo, has sido y serás una persona insustituible.
Estés donde estés, cuida de tu familia y de tus amigos. Espéranos con la misma templanza con la que has regido tu vida. Quiero que sepas que me consta que todos nos sentimos muy orgullosos de tu lucha, de tu risa cada día, de tu buen humor, de lo mucho que has querido y amado. Además me consta lo orgulloso que te has sentido por los tuyos, al tenerlos y poder abrazarlos, al sonreír y decir "¡Esta es mi familia y la quiero mucho!" con esa magnífica actitud que nos acompañará el resto de nuestras vidas. 
Te queremos Lucho, te queremos tanto que duele; pero al mismo tiempo nos devuelve la sonrisa y la esperanza en que existes en nosotros. Siempre serás un ángel para los que tuvimos el privilegio de conocerte y te mantendremos en el corazón, así como mantendremos los aprendizajes que nos has inculcado.
Hasta la vista, amigo mío; hasta la vista. Pues no es un adiós y nunca lo será. Algún día volveremos a reírnos juntos de las locuras que hiciste en tu juventud y nosotros te contaremos las nuestras para volver a ver esa mirada de orgullo. No nos olvides, nosotros no lo haremos, amigo.

Gabriel A. R.

Anécdota del día

Hoy me preguntaron si reconozco lo loco que estoy. Yo me eché a reír y dije "Sí, y además debes saber que para que una de mis obras se convierta en una genialidad, primero debe ser tachada de locura."

Gabriel A. R.

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Así soy.

Y tú, ¿quién eres?



Soy Gabriel, canario de nacimiento, escritor a tiempo completo y actor cuando surge. Intento aprender de todo lo que me rodea, sacando la parte positiva hasta de lo negativo. Soy tal y como me ha ido forjando la vida. Evito ser lo que la gente espera porque no me gusta fingir algo que no soy.


Y, ¿cómo eres?


"Soy una persona creativa, con un corto periodo de atención;
me distraigo con facilidad y tiendo a hablar conmigo mismo.
Éste soy yo." —Gabriel A. R.

Me gusta la sinceridad, la calma y no soporto los gritos. Conocer a las personas de las que me rodeo me hace sentir seguridad. No soy ambicioso. Me gusta dejarme llevar por mis sueños e intento realizarlos dentro de la medida de lo posible. Soy callado, reservado e introspectivo el 80% del día, aprox. Me encanta la mar y su sonido; puedo perderme durante horas si me siento ante ella. Quizás soy muy imaginativo, aunque sólo si me encuentro en mi salsa. No le pido nada especial a la vida, salvo salud y cariño. Soy de los que piensan que si alguien te quiere, debe hacerlo por lo que eres y no por lo que desea que seas; cosa difícil por lo que llevo de experiencia.

Y, ¿en qué crees?


En mí mismo, en las posibilidades, en los largos abrazos, en los besos apasionados, en que la gente a veces es buena, en la predisposición a superarse, en la voluntad, en la sencillez, en las miradas ardientes, en las caricias, en el sexo, en el silencio, en la escucha, en el dolor físico por el esfuerzo, en las buenas conversaciones, en las puestas de sol, en las sonrisas sinceras, en los buenos momentos, en la relatividad, en los pequeños gestos, en los valores, en la lucha constante, en las pequeñas metas y en los grandes sueños.

Y, ¿cómo te consideras?


Siempre he sido una persona solitaria, pero hoy en día no cambiaría a mis amigos por nada. Saben hasta cuando necesito tiempo para mí, respetan mi espacio, y les estoy muy agradecido por ello. También me considero sencillo, no soporto que hagan más difíciles las cosas de lo que ya son. De mente abierta; aunque, soy poco tolerante con algunos comportamientos que me afectan directamente de forma negativa. Suelo ser afable, ético, moral y respetuoso; salvo cuando me enervan demasiado, que llego a ser desagradable; cosa que en esos casos me da igual serlo. No me considero curioso ante la vida de los demás, dejo que sean ellos los que me cuenten lo que desean, sin preguntarles ni acosarles con preguntas; yo también soy muy mío y supongo que por eso respeto a los demás.

Y, ¿en qué piensas?


Pienso en que jamás me llegará a conocer nadie del todo. Bueno, más que pensarlo, estoy convencido. Ya no sólo por el simple hecho de que nunca se conoce a otra persona en su totalidad, sino porque es muy difícil lograr que me abra (ojo, que no es lo mismo ser sincero, que no contarlo todo). Y, cuando por fin lo hago, no digo más de un 30% de lo que realmente pienso.



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