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Si tienes esa suerte.

¿Me conoces o crees conocerme?
Si me conoces, sabes que soy muy cabezón, que me dejo llevar por los impulsos del momento. Que si se me mete en la cabeza que puedo hacer o lograr algo, lo haré hasta que así sea. Que si doy mi palabra, será cumplida sin excepción. Que si me enfado podrás notar la calma, e incluso, la llovizna que precede a la tormenta que muestra el aviso; pero en cuanto se desate la furia, no te dará tiempo a huir si te has quedado a esperarla con un hierro en la mano.
Si me conoces sabrás que no doy confianza, que valoro mi espacio. No soy desconfiado, sólo individualista. Me muestro distante, callado, a menudo sereno o introspectivo, y es probable que me pilles alguna vez riéndome o gastando bromas manteniendo una pose seria. Mi humor es bastante elocuente. Suele ir ligado a pensamientos cínicos, y, por lo tanto, la ironía es mi fuerte. Por cierto, por si te lo preguntas, si me pinchan también sangro.
Puedo hacerte creer que estoy perfectamente, que todo va genial, porque es lo que muestro y lo que mantengo, se me da bien. No hablo de sentimientos, ni los expreso ni lo intento. No hago preguntas cuando veo a alguien mal y que no quiere hablar, tampoco las hago cuando está bien. Sé dividir muy bien el trabajo de mi vida personal (y eso incluye la literatura). Si he de ser gráfico para describirme, diré que soy como un iceberg. Muestro una pequeña parte sobre la superficie, pero bajo el agua se esconde lo más importante.

Eso es "si me conoces". Por otro lado... ¿De verdad crees conocerme?

Sólo existen tres puntos clave que puedan llevarme al enojo o a la ira, y ninguno está en tus manos; lo siento. Y ya serías un as, si supieras que tres puntos son. Soy una persona en parte triste por la vida que he llevado, pero al mismo tiempo soy positivo e intento mirar hacia delante sin olvidar lo aprendido; con lo cual, tan mal no me va. ¡No hay más que verme! Me suelo quedar con lo bueno que me aporta la gente y la vida, con los momentos alegres, con las sonrisas, con las miradas sinceras, con lo sensible. Desechar lo malo a veces me cuesta, aunque suelo lograrlo.
Soy inteligente, aprendo rápido, soy flexible y me moldeo con facilidad a los cambios bruscos. No persigo a las personas que necesitan poner pies en polvorosa o sencillamente dejar margen. No pregunto porqués, ni las juzgo por ello. No necesito conocer los detalles de nada, sobre todo, si los que me importan se encuentran mejor con sus decisiones. No suelo dar mi punto de vista a no ser que me lo pidan expresamente. No hago comentarios negativos a la gente, pero sí es verdad que alguna vez hago alguno constructivo. Y también es cierto que en ocasiones excepcionales hablo mal de alguna persona en concreto por algún daño ocasionado.
Me considero un amigo del montón porque no recuerdo fechas importantes, olvido acudir a citas y, por lo general, rechazo lazos afectivos. Soy arisco cuando invaden mi espacio personal, torpe para darme cuenta de ciertas señales, condescendiente con los que intentan imponerme sus ideas, terco con lo que me propongo lograr e impasible ante los que intentan joderme, claro que todo depende de quién y el porqué; porque mi mal genio no suele acudir al rescate, pero cuando lo hace... la guerra de Troya es un chiste mal contado en comparación.
Sé usar la sutileza, aunque prefiera el tiro a bocajarro porque fastidia más y por lo general me hace más gracia ver las caras que la gente pone. No creo del todo en el perdón, ni olvido daños, aunque deje pasar errores o ataques intencionados, ya sean propios o ajenos. Sé bien cómo disimular, mentir, dialogar, ironizar y planificar cada momento para salirme con la mía y hacerte creer algo que no es, pero jamás sobre el cadáver de nadie, y mucho menos jugar con los sentimientos. Pese a admitir esto, no me considero mala persona. Todo depende del lado que desees potenciar el 90% de las veces. Sin embargo, puedo llegar a serlo si me lo propongo, como todos obviamente.
No suelo imponer respeto a los demás, por lo que la gente me intenta torear todo lo que puede. Suelo meterme en líos cuando callo, más que cuando hablo. Con lo cual es una habilidad un tanto curiosa. Me gano el respeto de los que me interesa y me valen la pena, siendo honesto, sincero y demostrando en vez de  sólo hablando.
Por si te lo preguntas, no desconozco el amor incondicional, y tampoco lo busco. No se me da nada bien tener pareja; es más, no tengo ningún interés en tener una relación según dicta la sociedad. La individualidad es muy valiosa, tanto como el compañerismo. Puedo caminar al lado de alguien, sujetar a esa persona para evitar que caiga por un precipicio, protegerla con mis brazos si tiene frío o me necesita de algún modo emocional, pero jamás atarme con cadenas. En modo alguno sentirme que pertenezco a. Ojo al dato, porque aquí muchas personas suelen saltar con esa estúpida frase de: ¡a ti lo que te gusta es el libertinaje! (ABUCHEO) Por favor, hay que aprender a usar el cerebro para algo más que para porno suave. No tiene nada que ver la libertad con el libertinaje (búscalo en el RAE).
Soy de los que se dejan llevar por la vida, salvo que decida tirar por otro camino y enloquezca/enfurezca a la manada. Pienso de verdad que si las cosas suceden de una forma, es porque existe ese algo que acabará por descubrirse y entonces ataré hilos y veré la vida de otra manera. Suelo estar a mi bola todo el tiempo posible, disfrutando simplemente del poder respirar, andar, observar o admirar la vida.
¿Sabes esa sensación de que estaré ahí para todo lo que necesites sin condición? No existe. No soy dado a salvarle el culo a nadie, ni me preocupan los problemas ajenos; salvo que me afecten directamente o sean personas a las que considere intocables dentro de mi corazón. No soy tolerante con las deslealtades ni con las malas decisiones cuando se conoce de antemano el final que tendrán. Si descubro que me mienten, jamás volveré a confiar. Me muevo en base a los actos que las personas tengan conmigo y no por lo que dicen. La palabrería, aunque suene irónico, me desquicia y la repelo. No confío en alguien que alaba todo lo que hace con pretensión de que le aplauda o alucine con ello. No soporto el extremismo, la negatividad, ni que me adulen. Soy respetuoso y tolerante, salvo que me toquen demasiado los huevos.
No soy partidario de convencer a otros de que mis ideas son mejores, y menos que deben pensar como yo. Evito el condicionamiento a toda costa. No permito que me aten a una ideología, ni ato a nadie. Las cadenas no fueron creadas para mí, ni los muros altos e inaccesibles son un impedimento. Cuando tengo la sensación de sentirme atrapado, corro, salto, escalo, eludo,...; que no es lo mismo que huir. Suelo evitar las confrontaciones porque soy muy pacífico. Para mí tiene más peso una buena conversación con argumentos sólidos, que el griterío recargado de hostilidad. Suelo medir las palabras antes de largarlas para no ser prisionero de lo que digo. No hago promesas a diestro y siniestro. Las pocas que he hecho, las tengo presentes y soy consecuente con ellas. Soy muy mío y sé perfectamente con quién puedo abrirme y con quién no. Mi vida privada es mía, de forma indiscutible. Es inamovible.
Me cuesta no mantener el control sobre lo que hago. En el momento en que algo se me escapa de las manos me pongo tenso e intento recuperar el control. Eso sólo se traspasa a efectos de trabajo, sueños, e iniciativas o movimientos. No afecta, ni tiene que ver para nada con terceros. Siempre he pensado que la libertad es incuestionable. Mi libertad es mía y la tuya es tuya. Con tu tiempo haces lo que quieras. No ato, no permito que me aten. Si estoy, es porque quiero.
Tocando ese tema. Si digo te quiero, es porque es verdad. Si digo no te soporto o te odio, es mentira. Si me siento muy a gusto con alguien, se nota. Lo mismo ocurre cuando no me siento cómodo. Mi mirada no es el espejo de mi alma. Eso lo saben muy pocas personas. He aprendido a sobrevivir y a moldearme para evitar dejar ver lo que no quiero que vean. Soy realista, con un toque de fantasía que me hace único en mi especie. Si me muestro infantil es porque el entorno y los elementos y/o personas han logrado conseguir que baje la guardia. De lo contrario, continuaré con mi estado de aislamiento pertrechado, tan característico y adorado por todos.
Soy un entregado a las causas de igualdad, de campañas para mejorar el mundo. Me afecta en exceso el maltrato animal y me lastima ver sufrimiento del tipo que sea. Soy un apasionado de los caballos, los perros y los gatos. Como deportista, soy senderista y campista en desarrollo. Practico deportes acuáticos (surf, buceo, vela costera, remo,...) y en ocasiones alguno de riesgo como escalada o enfrentarme a una persona que cree tener la razón absoluta.
No puedo tragar con los días rutinarios, me agobian tanto que suelo buscar salidas de forma desesperada. Sufro en espacios cerrados, sobre todo, si hay exceso de gente. De pequeño me aterraba la oscuridad, ahora me fascina. Me da igual la opinión que tenga la gente de mí, salvo que me importen. Suelo pasar horas enteras delante del mar en la misma postura. Por cierto, las puestas de sol y los amaneceres deberían de ser obligatorios al menos una vez en la vida. Naturalista de corazón y como medio de orientación. Salvaje de mente, espíritu libre, emprendedor y soñador. Filósofo en ocasiones muy especiales y humorista cuando no queda más remedio.
Si llegas a tener la suerte de que te deje ver alguna capa inferior del hielo como las que has leído, podrás encontrar calidez, afecto, fidelidad, ternura, pasión, felicidad, paz, sueños, lucha, fuerza, locura, sinceridad, amor, placer, deseo, tenacidad, diversión, profundidad,... Además, calor en días nublados y frescor en días calurosos. Tormentas, desiertos, volcanes en erupción y también dormidos. Tengo tal caos emocional, que no sabrás por dónde cogerlo y, al mismo tiempo, poseo una estabilidad casi perfecta para tanta vorágine. Hay equilibrio en mí y lo transmito. Estados de paz que embriagan, dulzura que no empalaga, protección que no se desvanece, e incluso amor incondicional en casos exclusivos.
Si llegas a tener esa suerte... tendrás un compañero para toda la vida. Viajes inesperados, momentos que te dejarán absorta, peajes gratuitos al paraíso, risas contagiosas y recuerdos inolvidables. Si tienes esa suerte, es probable que no desees distanciarte de mí, aunque muchas veces te enloquezca, aunque te saque de quicio constantemente y discutamos acalorados (porque discutiremos seguro).
Personalmente pienso, que quizás lo más bonito de todo esto, es que si has tenido la suerte de conocerme, de disfrutarme, sabrás de sobra que siempre podrás volver a sentirlo, de vivirlo. Sólo tendrás que desandar lo andado y abrazarme muy fuerte sin más. No voy a reprocharte la partida, mucho menos la llegada. Si has tenido la suerte de que te haya colocado en un pedestal, nadie lo usurpará. Porque, al fin y al cabo, has llegado a la capa más profunda, esa inaccesible para los demás, y la recompensa es la incondicionalidad, basada en respeto, cariño, sinceridad y amistad invariables.