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Buda dice

Últimamente he sido testigo de muchas conversaciones sobre cómo deben afrontarse ciertas situaciones de la vida diaria. Es terrible descubrir que los ataques de pánico, el estrés, el mal hábito de adelantar hechos sin que hayan ocurrido creando momentos nocivos, han creado más estragos en las relaciones (del tipo que sean) que los problemas en sí mismos. Y es que tendemos a magnificar algo que nos hace daño, sea real o no, y soltamos la ira de forma errónea sin tener en cuenta la veracidad de los hechos que nos han llevado a ese extremo.
Es muy sencillo culpabilizar a los demás de nuestros sentimientos de inferioridad, de rabia, nostalgia, confusión,... empujados por el miedo. Y resulta difícil ir directos al foco del problema para poder solucionarlo, porque tememos encontrarnos con un muro que indique que todo se ha acabado, que no hay más, que debes escoger otro sendero porque la vía está cortada. Lo tememos. Tememos cambiar de corazón, cambiar de vida, cambiar de perspectiva, porque se complica nuestra vida y muchas veces hay que salir de la zona de confort para poder avanzar y sobrevivir a la situación. 
Por ello, quiero compartir con todos esta magnífica frase de Buda, que es probable que cause algún efecto positivo en medio de tanto caos emocional (e irreal en algún caso). No soy sabio, no soy experto, pero sí que puedo compartir pensamientos para arrojar un poco de luz para aquellos que sean receptivos a compartir un par de minutos conmigo.