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CORREOS COLABORA CON PAPÁ NOEL Y LOS REYES MAGOS

¿Cuántas veces has ido a Correos a enviar un paquete y ha “desaparecido” de forma misteriosa por el camino?
Eso es lo que ocurre cuando utilizas el servicio más económico de la entidad. ¡Ojo! El más económico, no el gratuito. La mayoría de la gente que conozco, nos hemos quejado en algún momento de que el paquete no ha llegado a su destino.

Mi teoría es, como bien indica el título de esta entrada, que Correos colabora con el señor Noel y los Reyes Magos para que todos los niños -y no tan niños- tengan regalos en Navidad y en la Noche de Reyes, porque la alternativa me resulta nociva para mi fuero interno.

Si te paras a pensar, lo tienen bien montado. Vas, preguntas por los distintos servicios que tienen y te comentan varias tarifas poco asequibles en su mayoría y, de repente, te dicen que tienen también la tarifa económica. Tienes dos opciones: envías tu paquete con DNI y un código de seguimiento pagando un precio injusto, o usas la tarifa más asequible, con la que ni tienes seguimiento ni te piden dato alguno.

Con la crisis que hay, uno se lo plantea. ¿Mandas el paquete pagando una pasta o compras leche? Está bien, me he ido al extremo, pero un poco de ironía es necesaria. Tú decides si juegas a la lotería con el servicio o no. Considerándolo con lógica, no encaja que no te pidan datos de ninguna clase cuando utilizas el envío más barato, ya que se supone que en Aduana “investigan” y se interesan por lo que transportas en el interior (sino, no me explico el papel verde que te hacen rellenar destripando lo que hay dentro). Y, sobre todo, porque va a pasar por la misma ruta que los paquetes del servicio menos económico.

RASCANDO EL BOLSILLO:
Eso significa que “saldrá” del punto al que hayas acudido para enviar tu paquete y, en teoría, debe llegar a destino, que se supone que es el trabajo que realiza la entidad y siendo el mismo sistema, no debería haber pérdida alguna. Si tienes acceso a Internet, con el código que te dan cuando pagas una tarifa menos asequible, puedes hacer un cutre seguimiento por la página oficial de Correos, en la que los datos que te ofrecen son tres frases: una es cuando sale el paquete hacia el destino, otra que está en camino y una última que te indica que la entrega se ha efectuado. Tú ves eso y piensas, bien, son concisos, no tiene misterio y lo importante es que el paquete llega y lo “ves”. Y si no lo ves, no importa, ya te llamará el receptor para avisarte.

PRECIO ECONÓMICO:
Pero cuando el paquete es enviado de forma económica, es otro tema. Ahí ya es cuestión de suerte. Tienes un 99,9% de que tu envío sea seleccionado para Las Arcas secretas de Las Navidades de Alguien. Y es muy guay, porque de verdad que el paquete desaparece misteriosamente, ¡en serio! ¡Es magia! Ni Houdini lo haría tan bien.

¿A quién le vas a reclamar entonces? ¿A Correos? Lo primero que dirán es que no tienen información ni constancia de dónde ha quedado el paquete. Llegados a ese punto, yo veo plausible mi segunda teoría sobre la institución: que exista una ley Mordaza dentro de la misma; en la que si te chivas de que se lo ha quedado alguien por el camino, pierdes tu puesto de trabajo o te quedas sin Reyes Magos. Esa es mi segunda teoría, la de la lealtad hacia los tuyos por miedo a, porque sino no, me explico cómo es posible que nadie sepa qué ha pasado con el envío, cuando se supone que es una empresa seria que se dedica en exclusiva a ese servicio. ¿No se supone que toda empresa desea que sus clientes queden satisfechos? Hombre, con mi teoría quedo muy satisfecho, pero siendo realista, me pone de muy mala leche que me roben.

He ahondado muy poco en esta crítica hacia Correos, pero es que he guardado lo mejor para el final: mi experiencia personal con la entidad. Aún no he contado que hace un tiempo envié un paquete de bastante peso y medidas interesantes, pagando el servicio más caro que incluía un seguro que cubría cualquier cosa que le pasara al paquete durante el trayecto. Un envío que jamás llegó a destino. El paquete estaba valorado en 350€. Cuando fui a reclamar qué había sucedido con él y qué pensaban hacer al respecto, nadie me dio ningún tipo de información. El que se suponía que era el encargado principal de la sucursal (digo que se suponía porque no me lo confirmó en ningún momento) me comentó que lo único que podían hacer por mí, era hacer uso del seguro que había pagado el día del envío. Para mi sorpresa ante la tranquilidad del susodicho, me comenta que ese seguro que había contratado sólo reembolsaba un 80% del valor del paquete extraviado, en el que se incluía los gastos de envío también. Recuerdo que pensé en ese momento “¡Tócate los huevos! Lo tienen bien montado: cogen algo de valor y te devuelven sólo una parte del mismo. Cojonudo.” Me resultó tan inaudito que me dijera eso, que me quedé sin palabras. Primero, porque el trato que me estaba dando, así como las opciones, resultaban insultantes. Y segundo, porque yo no quería el dinero de vuelta, quería que el paquete fuese encontrado, algo que nunca ocurriría. Estaba tan claro que se limpiaban las manos, que el dinero que me dieron oía a jabón.

Mi solución a partir de entonces fue usar medios alternativos. Es decir, empresas privadas de mensajería. No diré nombres concretos porque dependiendo de dónde vivas tienes unas u otras, pero decidir apostar por ellas es la solución. No, no lo es pagar a Correos una tarifa más cara para que el paquete llegue a destino, al igual que no le pedirías a un ladrón que te ayude a guardar las joyas que te quedan después de haberte robado. No voy a pagar a una entidad otra vez para enviar un segundo paquete, tampoco un tercero ni un cuarto. Es de cajón, ¿no? Pues yo quise darles otra oportunidad hace unas semanas.

¡NO HA CAMBIADO NADA EN ABSOLUTO!

No sé, lo tenía más a mano y dije, venga, vamos a probar, para hacer un poco las paces con el pasado. Como se suele decir, la primera vez que te la clavan es culpa de la otra persona/entidad, pero cuando pasa por segunda vez, es culpa tuya y sólo tuya.

Decidí enviar un paquete con la tarifa económica porque me parecía un abuso pagar otra distinta para un paquete cuyo valor era menor que la tarifa en sí misma. ¿Cuál es mi sorpresa? Había pasado una semana y pensé: “bueno, a veces ocurren retrasos”, así que no me preocupé. Cuando pasaron dos semanas y no recibía llamada por parte del receptor, sí que me resultó extraño. Llamé a la persona en cuestión y estaba sorprendida de que hubiera enviado nada, porque no había recibido ni el paquete, ni el aviso para ir a Correos a recogerlo.

Pasadas tres semanas, estoy aún esperando a que alguien me diga qué pasó con el paquete. Imagino que al mes dé por finalizada la búsqueda dentro de mi mente y mi cabreo, y decida ser agradecido por haber entrado en la ruta navideña de los paquetes perdidos. El regalo, en efecto, es muy bonito.

Para finalizar, he de admitir que soy bastante intolerante con respecto a las explicaciones vacías que te dan cuando vas a intentar reclamar. Intentarlo (que no es lo mismo que poder hacerlo, porque no tienen datos, ni tienes derechos por no haber pagado una tarifa con seguro), te da en qué pensar. Primero, en que la calidad del servicio es nula. En otros ámbitos no lo sé y me importa un pimiento. No volveré a confiar en una compañía que carece de seguridad y compromiso con los envíos de bajo coste, porque al fin y al cabo, pertenecen también a clientes, clientes que por lo general quedan insatisfechos.


Si este año por Navidad recibes un regalo inesperado, que nadie ha comprado para ti, ¡felicidades de mi parte! Dame las gracias, o dáselas a tu vecino, porque nunca se sabe quién será el benefactor. Si eres de las personas a las que también les han desaparecido paquetes: alguien, algún día, será agradecido contigo.