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Por los que se han ido.

El día 8 de marzo fue un día marcado por el cambio. Miles de personas se echaron a la calle para apoyar la lucha por la igualdad de condiciones entre géneros, algo que me hizo sentir muy feliz y orgulloso. Además, volvió a darme esperanza en este país.
Pero también fue un día que marcó un cambio importante a nivel personal. Hace dos años tomé la decisión de independizarme; mala época, aunque no resultó nada mal para mí. He sido y soy feliz, me siento bien, tengo salud y la vida continúa. Sin embargo, mi independencia me llevó lejos de mis Islas Canarias y eso ha causado algunos malestares inesperados. El día 8 de marzo, muy lejos de casa, recibí una llamada de mi madre diciéndome que mi abuela había fallecido. La pena me invadió como una ola de resaca. Ni el tiempo ni el espacio, ni siquiera el dinero, me han puesto las cosas fáciles. A miles de kilómetros, no pude siquiera acudir a su entierro. La sensación que queda es vacía y no parece tener límites. Cada mañana me despierto pensando "la vida sigue, Gabriel" y sé que es así, pero la ausencia marca como un tizón caliente y deja heridas bajo la piel.

Nunca voy a misa, eso no es ninguna novedad. No soy creyente, pero mi abuela sí lo era. Ese día, me acerqué a una iglesia en la que celebraban un entierro y me quedé sentado observando a los reunidos allí. Algunos parecían abatidos, otros menos, pero en términos generales, su pena era semejante a la mía. Allí intenté despedir a mi abuela, siendo lo más cercano a lo que ella querría. Sin embargo, no hallé calma alguna. Volví a casa e hice mi propia ceremonia de despedida, con mi "pilar" apoyándome como siempre, y allí sentí la paz que deseaba sentir tras el adiós.
Sé que aún quedan días para asimilar lo ocurrido, sobre todo, por estar tan lejos. Todavía no soy consciente del todo de lo sucedido, pero la vida sigue. Por eso os digo que, si estáis o habéis estado en la misma situación que yo, haced la despedida que mejor os haga sentir. 

Una despedida nunca llega tarde si la calma vuelve a tu corazón.